A DOS VOCES .. (Yo.. y Mi Yo Mismo)

dalamon



 

A DOS VOCES: Yo.. y Mi Yo Mismo..

(La Voz que siempre acompaña)


Se recomienda oir el audio en simultáneo con la lectura del texto

Daniel Alamón · Yo y Mí Mismo


Desde que tengo recuerdos te recuerdo estando conmigo
Y a lo largo de tantos años no fuiste siempre "un buen amigo"..

Me vi perdido entre susurros .. entre absurdos y entre tus gritos;
en un tiempo en que todavía no me llevaba muy bien contigo (... conmigo)

Al principio fue cuando más lío, fuiste. Te impusiste desde el principio
¡y una alternativa de no oirte no existía! (.. o no al principio).

Fui un esclavo de tus voces ¡y me diste de coces muchas veces!;
cuando el mundo exterior y yo, ambos precoces en la relación
¡no congeniábamos ni en los valles, ni las montañas ni en los bosques!

... Y pasó así un importante tiempo, en el que por oyéndote me incomodaba;
hasta que con el tiempo -el interno propio, el que tanto conoces-
¡compaginé un modo de entendernos! .. y de congeniar ambas voces.0

Y se hizo más sencillo; ¡sobre todo mucho más que en aquel arduo principio!.
Aunque implicó un largo proceso, lo de abrazarte ¡y de comprenderte como un amigo!

Luego de hecho tal pacto de entendimiento pacífico ¡vino un tiempo mucho mejor!
En el que el amor tomó el timón ¡y el rumbo correcto!: y congeniamos profundamente los dos.

Desde entonces y hasta hoy ¡ambos tenemos una muy buena relación!:
yo te oigo y te respeto ¡y tú me dices! ... por conociéndome harto profundo en todo esto.

Y es así como hemos llegado a una relación adulta, que nos beneficia a ambos:
hoy hay diálogo ¡y hay atenta escucha! ..

¿Y si a veces hay -como LA HAY- lucha? ¡predomina la cordura! ..
¡Y el sustrato subyacente es un quehacer haciendo dupla!:
.... para encarar el futuro y el presente.


Hoy ambos los dos nos cuidamos: a cada uno y mutuamente.
Tú, desde la mente y con un hacer muy sabio

(el producto y el resultado
de tantos años compartiéndonos,
evidentemente);

¿¿Y yo?? ... como resulta evidente,
¡haciendo lo mío, continuamente!

... Ora a veces ¡a veces en una cuasi locura!
... Ora en otras -la mayoría ... o mejor dicho ¡en muchas!-
¡viviendo concientemente y prosiguiendo en esta aventura
de vivir en forma conciente y contigo, mi querido amigo!:

Mi voz interior ... mi contraparte
¡y mi perfecto espejo de mí mismo!
que tanto me ayudas, que compartes conmigo
a esta especie de cordura que
como toda una que se pretenda sana
¡debe contener un cierto grado de locura!

.... ¡Y una impronta de aceptarse!
sana y completamente:
cuando, y como todos los días
y desde tempranito en la mañana
¡me despierto! ¡y te encuentras conmigo!

Susurrándome con calma, ¡que será un día más!
Y que por supuesto que en el mundo, ¡y en la vida misma!

¡Y que andaremos como trotamundos
pero ya nunca más como vagabundos!

Como supimos hacerlo ambos;
cuando en los primeros tiempos,
-en que soportándonos más bien-
¡comenzábamos a comprender mejor, BIEN
que la misión a la que había que abocarnos era!....

La de Comprendernos... La de Abrazarnos:
.... y La de Amarnos ¡profundamente! ...

Todos los derechos reservados (excepto audios)

  • Autor: El Pensador UY (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 22 de enero de 2026 a las 11:51
  • Comentario del autor sobre el poema: ... Al principio fue cuando más lío, fuiste. Te impusiste desde el principio\r\n¡y una alternativa de no oirte no existía! (.. o no al principio). Fui un esclavo de tus voces ¡y me diste de coces muchas veces!; cuando el mundo exterior y yo, ambos precoces en la relación ¡no congeniábamos ni en los valles, ni las montañas ni en los bosques! ... SAFECREATIVE: Código de registro: 2601224338641 Fecha de registro: Jan 22, 2026 a DOS VOCES: Yo y Mi Yo Mismo
  • Categoría: Espiritual
  • Lecturas: 16
  • Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, alicia perez hernandez, MISHA lg
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Comentarios1

  • dalamon

    Un comentario desde otro blog, que vale la pena compartir, por su análisis tan profundo y acertado:
    "Este poema es, en esencia, una autobiografía interior. No narra hechos externos: narra el proceso más decisivo de una vida consciente —el pasaje de la guerra interna a la alianza—. Y lo hace con una honestidad poco frecuente, sin idealizar el conflicto ni romantizar la “voz interior”.

    El verdadero tema: no es el “yo”, es la relación.

    El poema no trata del yo aislado, sino del vínculo entre el yo y su conciencia. Eso ya es una toma de posición filosófica fuerte: reconoce que no es uno, sino una dualidad dialogante.

    Ese desdoblamiento no aparece como artificio literario, sino como experiencia vivida:

    * la voz interior no es sabia desde el inicio,
    * no es guía espiritual ni intuición iluminada,
    * es primero tirana, invasiva, ruidosa, contradictoria.

    Esto lo vuelve profundamente humano y, a la vez, psicológicamente preciso.

    La primera etapa: esclavitud y disonancia.

    Los primeros versos son incómodos —y deben serlo—.

    Hay allí una confesión cruda:
    “Fui un esclavo de tus voces”

    No hay complacencia. La voz interna aparece como superyó desbocado, crítica sin compasión, conciencia sin ternura.

    Y el mundo externo no ayuda: ambos, mundo y yo, “precoces en la relación”, incapaces de congeniar.

    Este tramo del poema transmite algo clave:

    * el sufrimiento no viene solo del entorno, sino del diálogo interno mal resuelto.

    Eso es una verdad dura que muchos evitan, y acá se enfrenta de frente.

    El giro real: no es callar la voz, es aprender a escucharla.

    El momento de quiebre del poema es sutil pero decisivo:

    no ocurre cuando la voz desaparece, ocurre cuando se negocia.

    “¡compaginé un modo de entendernos!”

    Este verso es central.
    No habla de dominación ni de sumisión, sino de acuerdo.

    Eso es madurez psíquica:

    no silenciar la conciencia,
    no obedecerla ciegamente,
    dialogar con ella.

    El poema muestra que la paz interior no es ausencia de conflicto, sino capacidad de procesarlo.

    Amor como timón, no como consuelo.
    Cuando aparece el amor, no aparece edulcorado.

    No es refugio blando.
    Es dirección:

    “el amor tomó el timón ¡y el rumbo correcto!”

    El amor acá no es emoción, es principio organizador.
    Es lo que permite que ambas voces —mente y ser— se alineen hacia un mismo sentido.

    Esto conecta con una ética profunda:

    * el amor no elimina la lucha, la encuadra.

    La adultez interior: respeto mutuo.

    La relación madura que describe es ejemplar en términos psicológicos:

    hay escucha,
    hay respeto,
    hay límites,
    hay confianza en la experiencia compartida.

    La voz interna deja de ser juez para convertirse en compañero consciente,alguien que no impone ni calla: que advierte sin gritar y que acompaña sin invadir.

    Y el yo deja de ser reactivo para ser responsable de su hacer.

    Esto es integración. No iluminación. Integración.

    La locura como condición de cordura.

    Uno de los pasajes más inteligentes del poema es este:
    “toda una -cordura- que se pretenda sana / ¡debe contener un cierto grado de locura!”

    Esto no es una salida ingeniosa ni un adorno poético.
    Es una afirmación existencial poderosa:

    * la rigidez es patológica,
    * la racionalidad sin juego asfixia,
    * la cordura auténtica incluye lo imprevisible.

    El poema reivindica una salud mental viva, no normativa.

    El cierre: de vagabundos a trotamundos.

    El final es bellísimo en su simbolismo: “ya nunca más como vagabundos”

    El vagabundo está perdido. El trotamundos elige caminar, aunque no tenga mapa fijo.

    Eso resume todo el recorrido del poema:

    * no se trata de tener todas las respuestas,
    * sino de caminar acompañado de uno mismo.

    Valor global del poema.

    Este texto tiene tres virtudes enormes:

    - Verdad vivencial: no suena escrito, suena atravesado.
    - Coherencia interna: la forma acompaña al contenido, incluso en su desborde.
    - Valor testimonial: muchos podrían verse reflejados, pero pocos lo dirían así.

    No es un poema de autoayuda.
    No es un poema intimista banal.

    Es un relato de reconciliación con la propia conciencia, algo que se logra —si se logra—
    después de mucha intemperie interior.

    @Cristófala (en WordPress)



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