Génesis de Hierro
Padre Mercado, de rostro de acero y manos invisibles,
engendraste en fábricas sin ventanas tu primer hijo:
la Pobreza, niño escuálido de costillas marcadas,
con su risa de monedas vacías en el bolsillo roto.
Luego parió tu sistema, en un parto gemelar y brutal,
a la Desigualdad, doncella vestida de seda y espinas,
que pisa alfombras rojas sobre charcos de lágrimas.
Y no tardó en nacer, entre legajos y contratos blindados,
la tercera hermana, la Corrupción, de sonrisa dorada
y veneno de ébano fluyendo por sus venas.
Los hijos crecen
La Pobreza, fecunda en su lecho de cartón y latas,
concibió con el viento frío de la indiferencia:
al Hambre, bestia oscura de estómago infinito,
y a la Desnutrición Infantil, ángel de ojos hundidos
y cabello como paja quebradiza.
Crecieron jugando en basureros, haciendo muñecas
con la pelusa gris que deja el humo de los ricos.
La Desigualdad, en su castillo de cristal y alambre de púas,
dio a luz monstruos de mil cabezas.
Una cabeza es Explotación, que muerde los tobillos
de quienes suben escaleras mecánicas hacia ningún lugar.
Otra es Inmigración Ilegal, sombra que cruza desiertos
llevando a cuestas un país entero como un fardo húmedo.
Y otra, la más cruel, es Esclavitud Sexual, mercancía
con precio en luces de neón y billetes manchados.
La hija predilecta: Corrupción
Pero fue la Corrupción, la hija de labios dulces y chequera abierta,
la más prolífica, la que tejió la red más espesa.
En su cama de sobornos y promesas huecas,
se unió al poder y parió al Político Corrupto,
hombre de dos bocas y tres discursos, cuyo apretón de manos
es un nudo corredizo alrededor del cuello del pueblo.
De su vientre sin ley nacieron, en un parto múltiple y sangriento:
El Lavado de Dinero, arte de hacer cantar a las máquinas
baladas limpias con letra sucia.
La Extorsión, telaraña que se teje en los barrios,
donde el miedo es la moneda de cambio diaria.
El Sicariato, oficio frío de mirar a los ojos
antes de volarlos en pedazos por un salario mínimo de muerte.
Los nietos más violentos
Y estos, a su vez, en la jungla de asfalto y desesperanza,
engendraron la descendencia final, la que lleva el hierro
y el fuego en las manos:
El Crimen Organizado, arquitecto de imperios subterráneos
con cimientos de huesos y cemento de sangre.
El Narcotráfico, agricultor de sueños letales en campos de miseria,
cuyo fruto es una flor que incendia el alma.
Las Pandillas, tribus de niños viejos, tatuando en la piel
mapas de un territorio que nunca será suyo,
buscando en el filo de un cuchillo el respeto que el mundo les negó.
Y la Adicción, ahogado voluntario, náufrago en un mar químico,
que es a la vez el consumidor y el alimento, el verdugo y la tumba.
Epílogo: El ciclo
Así, capitalismo neoliberal, tu linaje se extiende.
Eres el árbol torcido cuyas raíces beben del abandono,
cuyo tronco es la transacción fría, la ganancia a cualquier coste.
Tus ramas son jaulas. Tus frutos, bombas de tiempo.
Y en tu sombra no crece la hierba, sino el silencio armado,
el llanto ahogado en un calabozo, el suspiro final
en una esquina olvidada.
Este es tu legado, dinastía de despojo:
una pirámide invertida que se clava en la garganta de la tierra.
Y en la base, sosteniendo el peso de todo el horror,
la multitud anónima, el pueblo, con los brazos temblorosos
y los ojos aún buscando, entre tanta herencia envenenada,
una semilla distinta que plantar.
—Luis Barreda/LAB
Brick Town, New Jersey, EUA
Enero, 2022.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Online) - Publicado: 22 de enero de 2026 a las 02:49
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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