El neón se astilla contra el pavimento,
un rastro de gas violento que me guía
de vuelta al pasillo de los pasos perdidos,
buscando el eco de su peculiar acento,
esa cadencia fronteriza; selva y volcán,
que convertía el rito en un refugio.
Nombre de victoria y de veneno dulce;
recuerdo tu piel, un mapa de relieves calientes,
y esa amabilidad extraña, casi sagrada,
en medio de un lugar diseñado para el olvido.
No era amor, quizá, pero era un hambre
que solo tu humedad sabía traducir;
me aleje tardío, cargando el roce de tus manos
y al volver, tu número era un nicho vacío.
La puerta está cerrada, el aire está callado;
ya no hay risa, ni el olor a tu perfume entremezclado,
ni esa energía eléctrica que me hacía buscarte
como un insecto atraído por la luz candente.
Te has evaporado en la niebla de la ciudad,
dejando mi deseo anclado a una cerradura fría;
¿A dónde llevaste tu fuego de victoria?
¿En qué otra habitación
estás dictando ahora la geografía de tu cuerpo?
Hoy mi colección tiene un verso huérfano:
el de la mujer que fue luz en la sombra
y que se fue sin dejar más rastro
que el calor residual en una cama que ya no es mía.
© El Yarawix
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Autor:
Joel (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 21 de enero de 2026 a las 23:12
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Online)
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