Los Huéspedes del Tiempo

marco romero

Los Huéspedes del Tiempo

Creí que al crecer las luces se quedarían encendidas, que el hombre del saco moriría con la infancia, y que los monstruos bajo la cama serían solo polvo, barridos por la lógica y la distancia.

Pero mis demonios no se fueron, solo aprendieron a esperar; cambiaron sus garras por susurros, su tamaño por peso.

Ya no se esconden en el armario, ni me hacen gritar, ahora viven en mi sangre, alimentándose de mi rezo.

Eran sombras pequeñas que hoy son nudos en la garganta, inquilinos voraces que han tomado el control de la casa.

Se beben mi luz, mientras mi voluntad se quebranta, y miran, impasibles, cómo mi vida se pasa.

Ya no tengo la espada de madera, ni el escudo de papel, las manos me tiemblan y el alma se siente baldía.

Me he quedado sin fuerzas para pelear contra la piel de aquello que me asusta desde el primer día.

No es que hayan ganado, es que el viaje ha sido largo, y cargar con el miedo es un oficio que agota. Me rindo al cansancio de este sabor tan amargo.

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