AULA,MUJER DESTELLA

yender lovaton

El sol entra por el ventanal,
Un rectángulo de luz en el pasillo,
Donde el rumor se vuelve habitual,
Y cada paso enciende un nuevo brillo.


Es el tiempo vivo del bachiller,
De cuadernos abiertos y promesas tibias,
De una energía difícil de entender,
Entre fórmulas, fechas y horas esquivas.


Y en ese espacio lleno de murmullos,
De esperas largas y risas contenidas,
Surge una figura entre los barullos,
Con historias que aún están por ser escritas.
La bella morena, de mirada honda,
Camina segura por el corredor,
Su presencia es como una segunda onda,
De calma sutil y profundo fulgor.


Lleva el uniforme con naturalidad,
Sin adornos que quieran llamar la atención,
Pero en sus ojos vive una claridad,
Que guarda silencio y conversación.


Aula de bachiller, el nombre pesa,
Como un umbral que aún no se cruza del todo,
Donde el futuro se insinúa y empieza,
Bajo horarios, deberes y algún apodo.


Ella se sienta al final de la segunda fila,
Cerca del muro, lejos del ruido frontal,
A veces escribe, a veces vacila,
Mientras la clase sigue su ritmo normal.


Su cabello oscuro cae sin prisa,
Sobre el cuaderno, sobre el pensar,
Como si la noche, serena y precisa,
Hubiera aprendido a estudiar.


Los libros abiertos, llenos de marcas,
De apuntes firmes, de tinta fiel,
Mientras afuera el recreo embarca
Risas que no llegan hasta su papel.


Yo la observo desde mi lugar,
Con la torpeza honesta del que siente,
Una mezcla de querer mirar,
Y el temor callado de ser evidente.


No busco palabras ni explicación,
Solo entender la luz que ella lleva,
Esa forma quieta de estar en acción,
Mientras el aula su pulso renueva.


La maestra habla  de fechas y guerras,
De imperios caídos y tiempos lejanos,
Y ella escucha como quien cierra
El mundo externo con ambas manos.


Su gesto atento, su calma exacta,
Parece inmune a la distracción,
Como si el tiempo, en su forma intacta,
Se detuviera en su concentración.


Las horas pasan con olor a marcador,
Y el polvo dorado que el sol descubre,
Haciendo del aula una frontera precisa,
Donde la juventud aún se cubre.


Un día el viento mueve su cabello,
Cuando la puerta se abre sin aviso,
Y por un instante, simple y bello,
Nuestras miradas rompen el piso.


Fue solo un segundo, breve y real,
Un parpadeo dentro de lo diario,
Pero su peso fue descomunal,
Como un secreto involuntario.


Ella sonríe, sin burla ni prisa,
Una sonrisa leve, casi fugaz,
Y en ese gesto, que apenas avisa,
Se queda algo que no se va jamás.


Luego vuelve a su silencio atento,
Al cuaderno, al tiempo compartido,
Dejando en el aire un leve acento,
De algo que aún no ha sido dicho.


El aula de bachiller guarda ese momento,
No como recuerdo, sino como latido,
La bella morena, en su pensamiento,
Marca un camino aún no definido.


Y mientras sigo en este presente,
Entre clases, días y anhelos sin nombre,
Aún se dibuja, clara y constante,
Su imagen viva dentro de mi horizonte.

  • Autor: yender lovaton (Offline Offline)
  • Publicado: 19 de enero de 2026 a las 21:31
  • Comentario del autor sobre el poema: Para mí, este poema refleja a una mujer muy lista y capaz, y eso es lo que me gusta de ella. Una mujer que brilla por lo que es, no por lo que muestra. UNE FEMME LUMINEUSE.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 14
  • Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, alicia perez hernandez, ElidethAbreu, Emely Vélez
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Comentarios +

Comentarios1

  • Lincol

    Un poema lleno de nostalgia y sensibilidad que captura la quietud y la intensidad de un amor silencioso en el aula. Las imágenes de la luz, el tiempo y la mirada construyen un recuerdo íntimo, donde lo cotidiano se vuelve significativo y la juventud queda suspendida en un instante que perdura.

    Saludos.



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