Encontré a humano en el vagar de este mundo.
Lúcido, se podría decir; sonrisa corta, sin miedo.
Puño elevado y grito de gratitud: ¡un gracias, amor!
No entendí; él, solo, sin nadie, en el fin del mundo.
Yo, demonio con mirada extraña, y recordé a ese nombrado.
Lo vi y no le entendí; me contó que construiría en mente de humano felicidad en la tristeza, lágrimas en la alegría, paz en el conflicto.
Igual no entendí y pregunté: ¿y para qué?
Y contestó:
—¡Para que humano pueda sacrificar su alma por el otro, sin miedo ni dolor!
—¿Y por qué quieres un humano muerto? ¿No es mejor libre?
El humano nace esclavo de sus miedos; el llanto calma en el primer abrazo humano, creando el primer lazo de mi entidad.
En el tiempo, el humano acuñará en mi nombre liras,
las que serán cimiento para la conciencia.
Y dará forma; tal vez confundan el enamoramiento con mi naturaleza. ¡Me dijo!
Tampoco entendí y acuñó a su sentir:
demonio, el humano no se pierde en el miedo por sí;
es el miedo quien no le permite verme en sus cimientos y salvarse.
Pero el que mira sus sentires es quien logra ser grato, hasta en el fin del mundo.
Humano en el vagar del mundo,
lúcido, sonrisa corta.
¿El amor en él?
¡Entender o no entender no es mi prioridad!
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Autor:
Junior (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 19 de enero de 2026 a las 19:22
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Online)
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