Poema de gratitud en voces compartidas
–Lourdes Tarrats
¿Qué nombre le pondrías al silencio?
dijo el poeta,
y vinieron ustedes,
con palabras de agua clara,
con imágenes que abrigan,
con silencios que responden
aunque no digan.
Este poema es para ustedes,
que nombraron mi sombra,
que acariciaron mis versos
como quien entiende sin hacer preguntas.
Gracias por hacer de mi silencio,
un lugar donde quedarse.
A Nkonek Almanorri
Tú lo llamaste
"El constante sentir del alma",
y en tus palabras entendí
que el poema no comienza con la tinta,
sino con ese temblor sutil
que nace antes del verbo
y respira desde el alma.
A Salvador Santoyo Sánchez
Tú dijiste:
"Irrumpe el lugar donde hay oscuridad,"
y con tu voz trazaste
un mapa de alientos y sombras
donde el silencio no duele: respira.
"Umbral mudo", lo llamaste,
y comprendí que mis palabras
habitan ese borde
donde la memoria no grita,
pero florece
bajo la lluvia que cae dentro.
A Justo
Tú dijiste:
"El silencio que prepara",
y tu voz abrió una ventana
donde la tristeza no arrasa: acomoda.
No llega a vaciar, sino a despejar el alma,
para que algo nuevo, aún sin nombre,
despunte en lo hondo, sin bullicio.
Gracias por acoger mis versos
con esa serenidad que no interroga,
solo acompaña —como quien sabe
que el silencio también cuida.
A Henry Alejandro Morales
Tú hablaste de “silencio persistente”,
y tu visita fue como brisa tenue
que confirma que las letras son puentes:
de Caracas a este verso,
de corazón a corazón.
Gracias por ese abrazo
que cruza distancia y tiempo,
y por recordarme
que la poesía, al ser compartida,
crece en amplitud y calidez.
A Freddy Kalvo
La nombraste “Alondra”,
y en tu verso entendí
que el silencio también canta,
aunque nadie lo oiga.
Dijiste: “La sombra que te mira”,
y algo en mí se reconoció:
esa sombra también me anida.
Gracias por hacer del silencio
un ave que no espanta,
sino que reposa —suave—
en el pecho del poema.
A JuanDumBass
Tú lo llamaste
"el silencio que grita por dentro",
y comprendí que hay presencias
que no necesitan voz,
porque ya tiemblan en la sangre
y hablan con la carne estremecida.
Gracias por leerme con el corazón,
por dejar que mis palabras
hagan ruido en tu interior
sin romper el silencio.
A Nelaery
Tú dijiste:
"Yo la llamaría Nostalgia",
y tus palabras tejieron
un silencio que no se impone,
pero que se siente
como el perfume de un ayer
que vuelve sin hacer sonido.
Gracias por recordarme
que lo que fuimos
también vive en lo que aún somos,
y que el silencio a veces
es una caricia del tiempo.
A Javier Julián Enríquez
No diste un nombre,
pero sí una lámpara:
con tu lectura,
descubrí los rincones del poema
que yo misma no había visto.
Tu palabra afinó mi sombra,
y me mostró que la tristeza
no siempre impide el paso:
a veces lo abre,
como raíz que rompe la piedra.
Gracias por detenerte con tanta atención,
por devolverme mi propio poema
con una mirada más honda
que la que lo escribió.
A Andiuz
Hablaste del plectro
y su silencio asombrado,
como si la música misma
sintiera pudor ante el poema.
Llamaste esfera al verso,
y entendí que mis palabras
giran también en muchas caras,
esperando ser vistas
desde algún fulgor.
Gracias por leerme
con el oído fino de quien sabe
que la poesía también se pulsa
como una cuerda en reposo.
A Mª Pilar Luna Calvo
Tú dijiste
que la tristeza ya parece de la familia,
y algo en mí asentó,
como quien reconoce
una silla que siempre estuvo ahí.
Mencionaste “Buenos días, tristeza”,
y comprendí que hay melancolías
que nos saludan sin aspavientos,
y se sientan a esperar
junto a nuestra risa.
Gracias por recordarme
que el alma también se habita
con silencios que no hacen daño,
solo hacen eco.
A Jesús Ángel
Hablaste de “dos silencios”
y ambos se quedaron conmigo:
uno, necesario como pausa que piensa;
otro, sonoro como eco que viene de dentro.
Tu voz nombró lo invisible
y me recordó que a veces
el silencio no es ausencia:
es presencia bien dicha.
Como te lo agradezco!
A Alicia Pérez Hernández
Dijiste que la sombra no es enemiga,
y me regalaste una imagen que no olvido:
esa sombra que te sigue,
que se acuesta contigo,
que huele a tierra,
pero a veces también a rosas.
Tus palabras no leen el poema: lo atraviesan.
Gracias por hacer visible lo invisible,
por recordarme que hay silencios
que no se oyen, pero sí se respiran.
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Autor:
LOURDES TARRATS (
Online) - Publicado: 19 de enero de 2026 a las 16:25
- Comentario del autor sobre el poema: Amigos: ¿Se han sentido alguna vez así, como yo, agradecidos y llenos de amor? Yo sí. Por eso escribí esto. Garcias a todos por prestarme sus nombres, sus voces, sus huellas. En cada uno, el silencio encontró un rostro. LOURDES Poetas somos… 1/19/2026
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: JacNogales

Online)
Comentarios1
¡Qué hermosas dedicatorias y reflexión a los compañeros de letras del portal!
Un cálido saludo para ti, estimada Lourdes.
Gracias a ti, amigo, por leerlo.
Poetas somos.
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