Epopeya de lo Cotidiano

Luis Barreda Morán

Epopeya de lo cotidiano

En mi tierra no existen los conejos que llevan relojes dorados en sus chalecos,
ni existen los espejos que llevan a reinos de maravillas imposibles y encantadas,
aquí la reina es solo un recuerdo borroso en barajas desgastadas y antiguas,
los soldados no son naipes, son hombres cansados que vuelven a sus casas,
y el tiempo no se detiene con brebajes, avanza con tictac de despertador.

Las princesas aquí se levantan temprano para ganarse el pan de cada jornada,
sus castillos son pequeños apartamentos con vistas a otras ventanas iguales,
no esperan rescate, esperan el autobús bajo la lluvia o el sol de la mañana,
sus dragones son cuentas por pagar y sueños que a veces se desinflan,
y el único hechizo es la constancia que mantiene la esperanza encendida.

Dicen que el gato de Alicia perdió su sonrisa en un callejón sombrío,
que la oruga se fumó todos sus hongos y ahora duerme en una acera,
que la liebre de marzo corrió tan rápido que se perdió en el laberinto del metro,
y el sombrerero loco vende sus sombreros en un puesto del mercado,
porque la magia es un lujo que pocos pueden permitirse comprar ahora.

No tengo un biombo chino que oculte jardines de flores cantarinas,
ni un bosque donde los hongos marcan el tamaño de tu propio cuerpo,
mis abismos son interiores, silenciosos, sin bestias de sonrisas dentadas,
y el límite es la hora en el reloj que marca el fin de la jornada laboral,
la frontera entre el sueño y la obligación de volver a intentarlo.

Pero a veces, en el humilde latido de lo simple, hallo mi sortilegio,
en el café compartido en silencio con alguien que comprende la batalla,
en la flor que crece valiente entre la grieta del frío cemento urbano,
en la historia que se lee a un niño cansado hasta que cierra sus párpados,
en el pan cotidiano que sabe a triunfo pequeño, a victoria humilde.

No busco país de las maravillas, busco un rincón de paz en esta lucha,
un compañero de armas para enfrentar los molinos modernos de viento,
alguien que vea el dragón en la factura y aun así ría conmigo en la noche,
que sepa que los finales no son felices siempre, pero se pueden escribir,
con tinta de paciencia y renglones de esfuerzo, día tras día, verso a verso.

Así es mi cuento real, sin varitas ni hadas, sin hechizos ni pócimas,
donde la magia es el esfuerzo que transforma el barro en un paso firme,
donde el amor no es flecha de cupido, es la mano que se tiende y sostiene,
y el único encantamiento poderoso es no rendirse jamás ante la derrota,
seguir caminando, con los pies en la tierra y la mirada en el horizonte lejano.

El final no está escrito en astros dorados ni en bolas de cristal brillante,
lo escribimos con las acciones simples de cada amanecer que afrontamos,
tejiendo la tela de nuestra epopeya con hilos de horas y de sudor,
donde el héroe no lleva capa, lleva la marca del cansancio en su rostro,
y su gran aventura es vivir, con todas sus sombras y su escasa luz.

—Luis Barreda/LAB
Tujunga Canyon, California, EUA 
Enero, 2024.

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Online Online)
  • Publicado: 19 de enero de 2026 a las 02:48
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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