Lo que es, lo que fue, lo que ya nunca será

Juan Roldan

Te fuiste y no volverás.

Las negras alas del más allá

Te arrancaron de mi orilla

Como quien deshoja un último verano

Sin mirar atrás.

 

Desde entonces, el mundo

Es un territorio incompleto

Una casa donde cada objeto

Ha aprendido a pronunciar tu nombre

Con la voz rota del recuerdo.

 

Tu marcha no fue un instante

Sino un derrumbe lento

Que aún continúa cayendo

Sobre los restos de mi vida.

 

A veces creo oírte:

Un roce leve en la penumbra

Una silaba que no termina de nacer

Un temblor que se aferra a mi sombra

Como si quisiera volver a ser cuerpo

Pero no eres tú

 

Solo es la memoria

Esa artesana cruel

Que reconstruye tu presencia

Con fragmentos de lo que fui perdiendo.

 

Y aun así me detengo

Como si el tiempo pudiera abrirse

Y devolverte por un instante

A este lado del abismo.

 

Tu ausencia se ha vuelto un animal hambriento

Muerde mis pensamientos

Devora mis noches

Se instala en mis costillas

Como un huésped que no piensa marcharse.

 

He intentado domesticarlo

Con palabras, con silencios

Con la inútil esperanza de que el dolor se canse antes que yo.

 

Pero crece, como crece una sombra sin dueño

Como un destino que no perdona

Como la certeza de que ya no existes

En ningún lugar donde yo pueda alcanzarte.

 

Ahora los se:

 

Los poemas que escribí para retenerte

Eran solo ruinas anticipadas

Presagios de este vacío

Que hoy ocupa todo lo que toco.

 

Tu ausencia es mi única herencia

Un hilo invisible que me ata

A lo que ya no tiene forma

A lo que se deshace incluso en la memoria.

 

Y sin embargo, sigo escribiendo

Porque en cada palabra rota

Hay un intento desesperado

De sostener lo que se hunde

De nombrarte una vez más

Antes de que la noche

Termine de borrarlo todo.

 

Ya no queda nada por decir

Las palabras han cumplido su condena

Han sangrado lo suficiente

Para nombrar tu ausencia

Hasta desgastarla.

 

El duelo ha trazado su círculo completo

Y yo permanezco en el centro

Inmóvil, como un testigo tardío

De un incendio que arraso incluso las cenizas.

 

No espero tu regreso

Ni señales, ni sombras

Ni ese temblor ilusorio

Que alguna vez confundí con tu voz

 

Solo acepto – con la resignación de quien ya no lucha contra la noche-

Que tu nombre pertenece ahora

A un territorio sin puentes

A un silencio que no admite respuesta.

 

Y así me despido, no para liberarte

Sino para reconocer que jamás volveré a alcanzarte

Que tu ausencia es ya un reino completo

Y yo apenas un habitante de sus ruinas.

 

Ven, dulce muerte, ven

Figura antigua que camina sin prisa

Sombra que no reclama cuerpos sino silencios.

 

Más antes de que cierres tus alas, escucha el murmullo tenue

De lo que aún late en la penumbra.

Hay brazas que parecen ceniza, pero esperan un soplo

Una grieta de luz, para volver a arder.

Y cuando al fin te disuelvas en la noche

No serás sombra ni ausencia

Sino una materia leve, que aún recuerda el temblor del deseo

Un rastro tibio en el aire

Como que, incluso al caer

Sigue amando lo que toca.

 

En ésta negra hora donde mi espíritu yace vencido

Buscando en la sombra un destello que aún me nombre

Un hilo capaz de sostenerme

Cuando hasta mi voz me parece ajena.

 

Y sin embargo, algo en mi persiste

Una brasa mínima que se niega a apagarse.

Aferrándome a los restos de un aliento antiguo

Como quien palpa en la penumbra la forma perdida de sí mismo.

 

Y aunque cada paso pesa como si arrastrara siglos de silencio

Sigo avanzando, lento, por la grieta que aun respira la esperanza

Como si cada latido fuera un golpe más

Contra la paredes húmedas de mi propio abismo.

 

No queda consuelo: solo el eco torcido de lo que alguna vez fui

Y ahora se deshace entre mis manos.

 

La noche me reclama sin tregua

Devorando mis pasos, bebiendo mi nombre

Hasta dejarme reducido a un susurro que nadie escucha.

 

Y al fin libre de mi miseria

Solo aguardo la oscuridad definitiva

Ese abrazo frío que no promete nada

Y aun así me reclama como suyo.

 

No hay redención en este umbral

Solo el lento deshilar de mi sombra

Mientras el mundo se aleja

Como un recuerdo que ya no me pertenece.

 

Y en ese silencio que devora

Me dejo caer sin resistencia

Como quien por fin comprende

Que incluso la esperanza

Puede convertirse en un peso insoportable.

Ver métrica de este poema
  • Autor: Juan Roldan (Online Online)
  • Publicado: 18 de enero de 2026 a las 11:33
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.