Quisiera engendrar un mar,
reventar los muros de este cuerpo-jaula,
abrir las compuertas, vaciarme...
pero el llanto es una bestia ciega
que se ha quedado dormida entre mis costillas.
Y cuando el llanto no sale,
es porque el dolor es tan denso
que se queda atascado en la garganta,
como un nudo de espinas.
Y el corazón, ese tonto tambor de carne,
se achata, se vuelve moneda, se vuelve nada
bajo el peso de lo que no nombro.
No estoy viviendo,
estoy colapsando hacia adentro.
Es una agonía muda, una herida que no cierra
y que sangra silencios que nadie puede escuchar.
Soy el arquitecto de mi propio infierno,
y hoy, las paredes se están cerrando para siempre
dejándome a solas con los demonios
que yo mismo alimenté.
— m.c.d.r
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Autor:
m.c.d.r (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 18 de enero de 2026 a las 00:45
- Categoría: Triste
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, alicia perez hernandez

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