De todas las necesidades
Del alma humana,
Ninguna es más
Vital que el
Pasado:
Destruirlo, borrarlo es
el mayor de los
Crímenes.
En la noche de navidad, 24 de diciembre de 2025, me obsequiaron con el mejor regalo de mi vida: mi hijo y su novia nos comunicaron que íbamos a ser atxona (abuelos en legua euskalduna), a partir de este momento muchas cosas las estoy viendo de otra manera y una de ellas es la de plantearme qué y para qué escribir; no voy a dejar de hacerlo y sí por el contrario escribir más, mejor, con mayor veracidad e incluso más radical: no quiero que mi nieta sepa , cuando lea lo que va a leer, que vino al mundo ya engañada.
Hasta principios del siglo XX, el 1900, existió en la isla de Maho (hoy Fuerteventura - en el archipiélago de Tigzirin Tikanariyin, Canarias, desde la colonización europea en 1380 – un pueblo con nombre “Aldea de gente muerta”, extraño nombre, topónimo, ya bajo dominio colonial para una aldea. Ya para aquellos años, 1900, las parroquias eran ese lugar donde se enterraban a los muertos, sólo si antes habían sido bautizados y había constancia documental de ello; los no bautizados – por las razones que fueran-, eran enterrados lejos de los centros de población, de las iglesias, lo eran en campo abiertos, en los desiertos de la isla y que eran, geológicamente, una prolongación del desierto del Sahara, en el África continental, a 90 km cruzando el estrecho de mar hasta la costa saharawui llamado Estrecho de la Bocaina (Dato éste que, en términos de geografía, no se da a conocer ni en las escuelas y menos aún en los institutos de Tigzirin Tiknariyin (Canarias), un asunto colonial.
En aquellos años la hambruna, provocada a conciencia, era tal que se llegó a comer carne putrefacta de perros y gatos muertos con las consecuencias de generar enfermedades contagiosas, este hecho me lo contó personalmente el poeta y escritor Agustín Millares Sall (1903-1989). En aquellos años los “Señores” y amos feudales de las tierras, amos feudales de familias enteras, encarecieron los alimentos y la Corona de entonces, la del Borbón Alfonso XIII, no dejó de cobrar los impuestos. En aquel tiempo no había un médico reconocido en toda la isla, ni boticas (farmacias) y menos aún hospitales en condiciones; tampoco habían escuelas públicas para las primeras letras (desde la colonización de Castilla, 1402). Sí había por el contrario 12 iglesias, 5 parroquias y cientos de hombres de tropa españoles para mantener el orden, muchos de aquellos hombres eran, incluso, nativos de la isla: la necesidad apremiaba hasta el punto de ser asesinos de los propios seres queridos, en esta situación, ¿qué orden se puede y debe mantener en una isla y en un pueblo de de gente hambrientas, en un pueblo de nombre Aldea de gente muerta?
La última vez que estuve en la isla de Maho visité el municipio de Pájara y visité también la costa de Jandía, allí hay un espacio llamado Playa de El Cofete en el cual, aún hoy, hay un cementerio al aire libre, sin paredes que lo proteja del viento y donde los fallecidos son enterrados, aún, en tierra señalados por solo unas piedras y alguna cruz rudimentaria, como en 1900 con los que no eran bautizados.
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Autor:
Nkonek Almanorri (
Offline) - Publicado: 17 de enero de 2026 a las 15:35
- Categoría: Sin clasificar
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