Una masacre
que no se detiene.
Ni pregunta
si acaso lo mereces.
¿Seguir con vida
aún vale
el constante dolor?
Cual bestia feroz,
incansable,
que ataca
sin piedad
ni remordimiento.
Un soldado
sin forma de defenderse,
con las manos desnudas.
Solo una armadura
tan dañada
que, en lugar de protegerte,
te hiere lentamente.
Cada instante
extiende aún más la agonía,
vacía tu cuerpo
de fuerza.
Y pesa.
El vacío,
extrañamente,
se vuelve cálido.
No intentas comprender
lo que está pasando.
Solo aceptas
la caída libre.
La ayuda,
aunque nunca fue invocada,
cuán necesaria era.
La sangre va y viene,
pero cada vez
más lenta.
¿Qué fue lo último que viste?
¿Qué sentiste?
¿Qué quedó de ti?
Lograste salir del río,
pero pronta es tu llegada
a aquel mar
que fervientemente espera.
El mundo
obedece leyes naturales.
Fenómenos inexplicables
son el día a día.
Lo mismo pasa por la mente y corazón de cada ser.
Asemejamos la vida
al ciclo de una planta.
Todo sigue una ley.
Y ante ella,
hacemos poco.
Somos arrastrados.
Pero ¿qué ocurre
cuando incluso eso
desaparece?
Existen muchas formas
de no sentir,
pero elegimos hacerlo.
No basta con lo justo,
ni con lo necesario.
El quiebre interior
exige más.
Mucho más.
El mar se agita
con una fuerza
imposible de resistir.
Sujetar tu peso
con los dedos.
Amar
a quien nunca te amó.
El cansancio
apaga el aliento
que nos fue concedido.
Tanto es el ardor.
Pero duele más
tener los ojos cerrados.
De nada sirve parpadear.
¿Sirven las lágrimas?
El agua todo lo cubre,
pero ¿qué harías
con tal de sacar
el dolor de ti?
¿Qué diente te sacarías,
qué corazón arrancarías,
para acabar
con el hambre del dolor?
De pronto olvidas
qué significaba la claridad.
¿Dónde ir?
¿Aquí?
¿Lejos?
¿Qué queda ahora?
El descanso
solo vive
en la imaginación.
Miras hacia arriba.
La luz aún existe,
pero cada vez
más pequeña.
El miedo cumple su trabajo:
se disfraza
de resignación.
El agua no detiene la caída.
Solo la hace
más lenta.
Te aferras al aire
hasta que se acaba.
Y entonces
desciendes,
en silencio,
a un lugar
del que pocos regresan.
En ese efímero instante
en que la vida se repliega,
la conciencia restante
recuerda,
imagina,
sueña.
Surgen el cuándo,
el cómo
y el porqué
de haber llegado
hasta aquí.
¿Renunciaste a la vida?
¿O fue la vida
la que renunció a ti?
El norte desapareció.
Las preguntas se multiplican.
Tu mirar se estrecha
hasta olvidar
tu fortaleza.
Un punto
se vuelve absoluto.
Y fuiste tú
quien lo permitió.
No es la bestia.
No es la guerra.
Eres tú,
con posibilidades intactas,
eligiendo
no usarlas.
Colgaste los guantes
antes de que la campana
fuera tocada.
No saliste a tiempo del agua.
No es el mundo contra ti.
Fue tu decisión
frente a lo que aún
puedes hacer.
Sigues aquí.
Suspendidos
en un universo
sin arriba ni abajo,
habitantes de una franja mínima
donde se vive
y se muere
con permiso
o sin él.
El sentido
no se explica:
se encuentra
al andar.
Abrígate
con lo que tienes.
Trabaja
con ello.
No persigas respuestas.
Vive.
Incluso lo imposible
se sostiene.
Por sí mismas,
las nubes no caen:
se transforman.
Encontrarás
tu lugar.
Eres tú.
Solo al rozar la muerte
comprendes
cuánto deseas
seguir vivo.
-
Autor:
Bryam_100 (
Online) - Publicado: 17 de enero de 2026 a las 10:05
- Comentario del autor sobre el poema: En puntos determinados de la vida. Se pierde el valor de nuestra vida por tanto que no podemos controlar. Pero olvidamos que es única y preciada. Hubieron muchas veces que perdí la esperanza me caí pero no quedé postrado. Solo quedar seguir hay mucho más esperando por cada uno de nosotros.
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 1

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.