Como lágrima partida

Solymar Pérez

Ya no voy a esperarte 

Ni a soñarnos desnudos al borde de la ternura en un reencuentro de cada año como si algún día fuese yo a aceptarte tal bochorno en un hotel de mala muerte o de diez mil estrellas, porque, ¿qué más da la estadía, si sería contigo?

Ya no voy a rechazarte en cada insinuación que haces con tal de volver a verme, y que yo, muriendo de ganas, te diga que no. Ya no.

Lo haré sin ganas y con vergüenza, lo haré arrojando mi corazón a los acantilados de la más digna honra y decirte que no sin semblantes amargos que me extraen la hiel.

Ya no voy a responder tus mensajes a comienzos de año o al final del mismo. ¿Qué más da lo que empieza o lo que acaba, si nunca empezamos ni terminamos nosotros?

Ya no eres un adolescente y yo ya no tengo dieciséis, ya no es el siglo XV, cuando la gente tomaba el té y se contaban los chismes y los romances que se esparcían por el viento pisoteando toda su fe. No somos como aquellos tiempos, el martirio sufrido ya no es más romántico que un voto sobre el altar y yo me niego a ser la idiota que no viste de blanco, pero que aún, en cambio, va a verse a escondidas contigo en algún café.

Tu tristeza compartida ya no la quiero si es que la compartes conmigo, porque yo ya no quiero ser la triste, tan triste dama, que murió extrañando un gran amor. De la que todos murmullen a mis espaldas diciendo que él la abandonó. Diciendo que ella lo anheló. Inventándose cuentos para entretener a la muchedumbre con mis llantos y sollozos por ti.

No es un siglo de oro ni el siglo rojo de pasión y de amor, donde se abandona todo lo que se tiene por alguien a quien se ama en esta vida que se acaba y se acaba. Puedo entender tu cobardía, si eres hijo del veintiuno. No la comparto más que aquel día en que creí que podía dejarte. Ya no. 

Ya la gente no muere por amor, ni se desvive por ese ingrato sediento de sentimientos. Él no necesita de otros sentires si se alimenta de mi.

No. No es París, ni la época de ensueño de los amantes y enamorados. Es latinoamérica y la actualidad, es la generación antipoética. No vamos a besarnos debajo del tonelle, no vas a decirme que parezco un rayo de sol. No vas a admirar conmigo el mar otra vez. No renunciaste por ella en esa boda. No. No puedo odiar a quien no conozco, pero cuánto la aborrezco.

Y no. No digas que es infantil.

Yo he soportado todo lo que tú no podrías. Yo no te busco, yo no te escribo, no interfiero en tus decisiones, ni te pregunto cómo te va, ni siquiera por ella, o por tus deseos, ni por tus amores más grandes de la vida. Yo no intento encabezar esa lista. Yo no manejo el revivir de lo que ya murió y pleno dejar. Por más que quema, yo hago de quemarme con eso y te puedo enseñar.

Así que si. Yo misma tomaré mis ropajes y los descansaré a salvo. A salvo de amarte para siempre, mi amor.

  • Autor: Solymar Pérez (Online Online)
  • Publicado: 17 de enero de 2026 a las 06:17
  • Comentario del autor sobre el poema: A quien duela y lastime.
  • Categoría: Triste
  • Lecturas: 1
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