En el rincón más escondido del jardín, justo sobre la enredadera de la abuela, se encuentra Dorotea. No es una cacatúa cualquiera: es una rebelde de cresta amarilla y mirada traviesa. Con su chaqueta de cuero rosada y estrellitas bordadas, Dorotea no pide permiso para bailar; ella marca su propio paso al compás de un corazón que late a ritmo de rocanrol.
Cuando suena la música, la magia comienza:
¡Mírala bien!
Sacude las plumas con un swing tan audaz, que las flores suspiran y se desmayan al verla bailar. A ella nadie la puede igualar, y es que tiene pasos imposibles de imitar. Se apoya en una sola pata, mientras la otra levanta como si fue a volar, las dobla y las cruza, mueve la cadera adelante y atrás, ¡como si el viento la empujara sin parar! Sacude la cabeza con ritmo alocado y su cresta se agita de lado a lado, y luego arriba y abajo, con ritmo alocado.
¡Es la reina del rocanrol animal!
Las mariposas giran a su alrededor, y hasta el colibrí se detiene a mirar su show. Las flores suspiran, se desmayan de emoción, porque Dorotea no baila: ¡ella incendia el aire con su rocanrol!
A su lado, la banda hace de las suyas. Ana la rana, con sus baquetas hechas de junco golpea fuerte la batería, los platillos hacen Crish, crash, plaf!. Al mismo tiempo, el grillo Filiberto hace vibrar las cuerdas de su guitarra: ¡Riff, raff, rooock!, dándole a la tarde un sabor eléctrico.
¡Es un concierto clandestino a escondidas de la abuela!
De pronto... ¡shhh! Un crujido se escucha cerca de la ventana. ¿Será la abuela que con su regadera a salido al jardín a regar?
La banda se congela, el jardín queda en silencio... pero no era la abuela, ¡era solo el gato!, el cual al verlos soltó un miau lleno de emoción, y desde la ventana también se unió a aquel pegajoso rocanrol.
Antes de finalizar, Dorotea dio un giro espectacular, se acomodó la cresta y lanzó un grito de alegría: —¡Que nadie deje de rocanrolear!
Y en medio de una gran ovación, el jardín entero celebrado de ese concierto tan especial.
Hoy la enredadera ya no es solo una planta, es la pista de baile más loca del mundo. Dorotea y su banda nos enseñan que no hace falta un gran palacio para ser feliz. La vida es una fiesta clandestina que vale la pena disfrutar porque la vida es mucho mejor cuando se vive con el corazón vibrando, Y mientras tengas ritmo en las patas y un grito de alegría, ¡cualquier lugar es perfecto para rocanrolear.
Siempre hay espacio para soltarse la cresta, sacudir las plumas y vivir la vida a ritmo de rocanrol. ” Risas”
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Autor:
Ysabel Gonzalez (
Online) - Publicado: 16 de enero de 2026 a las 11:44
- Comentario del autor sobre el poema: La idea de este cuento nació de una imagen, que junto aun video posterior de esta cacatúa bailando,https://www.tiktok.com/@netflixes/video/7280535374189940001, para complementar que mejor ritmo \\\'Rock de la Cárcel\\\'. Al ver ese video y escuchar la energía de Elvis Presley, mi imaginación voló. Quise capturar esa alegría contagiosa en Dorotea, una cacatúa rebelde que le gusta la música
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 1

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