No fue el azar quien puso la semilla,
sino el rastro de un dulce ayer compartido,
el deseo de ver, en la tierra sencilla,
cómo crece el amor que hemos construido.
Para que el fruto sea dulce, amada mía,
primero hay que saber esperar el invierno,
entender que el frío también es guía
y que el silencio hace el lazo más eterno.
Como la vid que busca el cielo con calma,
nuestros años se enredan en un solo destino,
bebiendo la lluvia que sana nuestra alma
y podando las penas que hallamos en el camino.
Hoy plantamos más que un verde sarmiento,
plantamos la vida, la fe y la memoria,
dejando que el tiempo, con su paso lento,
escriba los versos de nuestra propia historia.
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Autor:
Yamil Ortega (
Online) - Publicado: 15 de enero de 2026 a las 20:54
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Online)
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