Autoengaños...

Cosas que nunca os he dicho...

La llamo autoengaños desde el día que vi claro que no era ella quien me hacía daño, 

sino la historia que yo insistía en contarme.

 

Cada gesto mínimo se volvía promesa, 

cada silencio tenía excusa, 

cada ausencia era una explicación que me tranquilizaba lo justo para seguir esperando.

 

No era amor lo que sostenía aquello,

era miedo.

 

Miedo a soltar, 

a aceptar que a veces nadie se va, 

sino que somos nosotros los que nos quedamos donde ya no pasa nada.

 

Defendiendo ruinas,

poniéndole nombres bonitos al vacío.

 

El día que dejé de justificarla y empecé a escucharme entendí que no perdía nada, 

solo estaba llegando tarde a un nuevo lugar.

 

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