El cuerpo era una verdad incuestionable
pero nadie encontraba la manera de decirlo.
Venía, se imponía sobre todo y, al partir,
dejaba un temblor en el ambiente
que nadie podía reconocer como propio.
La tiranía de nuestro cuerpo
sobre nuestra vidas, no tenía límites.
Cuando estaba presente
lo rompía todo con su prepotencia.
Ahora a comer, ahora a cagar, ahora a follar,
ahora, ya mismo, ahora,
comer aunque no haya comida
cagar mil veces ese montón de nada
y follar en un momento inoportuno
y, siempre, con quien no corresponde.
Y cuando el cuerpo no está,
ahí, el hombre, comprende su esclavitud.
Ni siquiera un alma fortalecida
por el deseo de amar y la amistad,
puede vivir sin cuerpo.
Recapitulemos, amada,
tú me concedes una gracia y me la chupas,
por decirlo de alguna manera, me haces un favor.
Con la vida que llevamos en el mundo moderno,
yo gozo lo que puedo y te agradezco.
Pero esta noche me quedé pensando.
¿Su boca gozará?
Fui recorrido por un escalofrío,
cuando llegué a decirme
tal vez, sólo su boca te ama,
tal vez, sólo su boca te desea,
por qué no conformarme con su boca,
por qué no hacer de esa boca
que chupa y que desea todo el tiempo,
un monumento histórico y tirar,
a los perros hambrientos,
con mucho amor, todo el resto.
(Del libro La mujer y Yo; ed. Grupo Cero)
-
Autor:
Editorial Grupo Cero (
Offline) - Publicado: 14 de enero de 2026 a las 17:16
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.