Entre el amor y el deseo
hay un filo que no corta,
pero arde.
El amor dice tu nombre
como quien reza despacio,
te piensa cuando no estás
y te cuida incluso en silencio.
El deseo, en cambio,
te nombra con la piel,
te imagina sin promesas
y te busca en la sombra del cuerpo.
Yo camino entre ambos,
con el corazón descalzo:
amo la forma en que existes
y deseo la forma en que me miras.
Porque amarte es quedarme,
pero desearte es perderme,
y en ese punto exacto
-donde no sé si abrazo o quemo-
te siento más real
que cualquier certeza.
Entre el amor y el deseo
no elijo,
porque en ti
aprendieron a latir juntos.
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