Allá también es verano

Roma.


AVISO DE AUSENCIA DE Roma.
Seguiré escribiendo, pero en voz baja, como quien reza sin templo.

Desaparezco un poco, para no desaparecer del todo.

Y volveré.
Cuando el silencio me devuelva intacta.
Cuando mis letras ya no pidan permiso, sino espacio.

Me retiro como se retira el verano aquí: lento, inevitable, dejando las palabras.

No abandono el lápiz, solo lo guardo en el pecho, donde nadie lo juzga ni intenta domesticarlo.

Placer, calor de verano.
Mañana cálida que se vuelve santiagueña porque el cuerpo pide siesta y la cabeza no descansa.

Hay pensamientos que bajan lento, que se apoyan en la piel y se quedan.

Manos imaginadas, bocas cerca, respiraciones que se entienden.

Es atrapante.

Y no lo suelto.

Porque cuando el deseo aparece así no se negocia.

Satisfacción sensorial debería llamarlo, aunque se siente más como hambre.

De esa que no apura pero insiste.

Calurosa, espesa, como la siesta que me gusta, como cuando cae la algarroba y nadie se mueve.

¿Qué podemos decir del deseo si nos pasa lo mismo?

Al pensarte, vos me pensás.

Lo sé porque el cuerpo responde sin que lo llame.

Creo que vivimos dentro del otro, rozándonos en la imaginación, sabiendo exactamente qué haríamos si el calor dejara de ser excusa y se volviera encuentro.

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