A veces me gusta la vida, mas no vivir,
esta extraña contradicción que me hace sufrir,
observo a los demás con secreto rencor,
gozando de un mundo que a mí me da pavor.
Envidio esas almas que sin pensar existen,
que ante el sol sonríen y al instante se asisten,
cuyo mayor peso no es el adiós futuro,
ni el duelo pendiente, oscuro y perduro.
¡Mas cuán bella es la vida! La luz en la hoja,
el verso que brota, la seda que arroja
el cielo del atardecer en el mar...
¡Y este corazón que no deja de amar!
Hay rosas que aroman los prados de abril,
hay besos que juran perpetuarse sutil,
hay cantos de ruiseñores al alba,
y espumas de plata que la playa salva.
¿Quedarme o partirme? La duda me araña;
esta dulce agonía, perpetua añoranza.
Mi ser es un barco con velas desplegadas
que ansía la orilla entre olas alteradas.
La sangre pide sal y el alma, calma,
el tiempo es una espada pendular…
¿Quedarse es un castigo o es un alma?
¿O es más valiente, acaso, no luchar?
¿Será que la muerte me ofrece su calma,
o debo buscar entre luces mi alma?
Contemplo el enigma con fervor y temor;
¿renuncio al combate o alzo mi honor?
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Autor:
Dianne Daxton (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de enero de 2026 a las 00:00
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

Offline)
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