ALAS DE ACERO

Lourdes Aguilar


AVISO DE AUSENCIA DE Lourdes Aguilar
En cada oportunidad que se presente estaré con ustedes
Mientras haya vida habrá poesía

 Dicen que la civilización ha avanzado, que como especie hemos conquistado el espacio, creado rascacielos, desarrollado una tecnología inimaginable hace décadas, eso dicen y puede ser cierto… aunque eso no haya beneficiado la vida de la gran mayoría de la población, por eso, querido niño te contaré una historia:

 “En una rama mecida por el tibio aire de la primavera, donde los retoños se bañaban de luz dorada y la tranquilidad de la madrugada se veía alterada por la temprana circulación de los vehículos con sus conductores adormilados, inconscientes de la huida del rocío, sobre esa rama descansaban dos pequeños pajaritos, y uno al otro se decía:

-Amor mío: ¡Qué bella es la mañana!¡Qué hermosa es ésta rama! ¿no sientes acaso el plácido circular de la savia? ¿no somos acaso afortunados de estar aquí y ahora?

-Sí querido, la vida es generosa, saber que el viento sostiene nuestras alas, saciar la sed en cualquier charco, ser bendecidos con la habilidad para alimentarnos cada día, ¿acaso no debemos expandir ese amor y cuidado que recibimos?

-Tienes razón cariño, hagamos pues un nido y así perpetuaremos la alegría en nuestros polluelos y canten ellos, como nosotros llenando el aire de alabanzas.

 Así fue como poco a poco, de paja en paja, de trino en trino fueron formando un nido en la bifurcación de su rama, el árbol, alto y gallardo se levantaba sobre el baldío ofreciendo su sombra fresca a los caminantes mientras los pájaros diligentes, con el instinto inalterable del que la naturaleza les había dotado calentaban día y noches un par de pequeños huevos, sintiendo ambos en el transcurso cómo la vida se desarrollaba en ellos, ignorantes se cómo el mundo a su alrededor se modificaba; el terreno había sido limpiado recientemente y una máquina que a ellos les pareció monstruosa iba y venía emparejando el suelo mientras las vibraciones hacían temblar al árbol y ahuyentaban a los insectos de los cuales se alimentaban. Aún así aprovechaban las mañanas tranquilas antes de que sus cantos fueran opacados por el tráfico, cada vez más continuo, cada vez caótico debido a la apertura de nuevas calles, la gente pasaba junto árbol, pensando en sus asuntos, ajenos al nido, ajenos al ruido de las máquinas, ajenos a los rayos dorados que atravesaban las ramas, que rebotaban en las paredes de las casas, ajenos a los demás transeúntes y a todo lo que no concerniera a sus intereses.

 El amanecer siguiente fue distinto, el nido bullía con el movimiento de los polluelos, el pájaro macho se alejó para alimentarse cuando los trabajadores llegaron a continuar su obra; esta vez no traían la máquina monstruosa, esta vez parecía que trabajarían en silencio, parecía, tan solo parecía…

 Cuando el macho regresó el panorama era desolador: el árbol había sido derribado y sus ramas yacían desmembradas por doquier mientras los trabajadores, sierra en mano silbaban y se contaban chistes, el pájaro comenzó a dar vueltas desesperado, tratando de comprender lo incomprensible, tratando de encontrar lo inevitable, su corazón tan despedazado como las ramas de aquél árbol que alguna vez fue su hogar; un trinar triste atrajo su atención: en un cable de luz, la pajarita, alas caídas le contaba al viento su dolor: su humilde nido destrozado, sus tiernos polluelos apenas salidos del cascarrón aplastados sin misericordia por aquéllos individuos que reían despreocupados; el pájaro, al borde de sus fuerzas se acercó a ella en silencio, antes del ocaso sus pequeños cuerpos yacían en el suelo, incapaces de procesar la pérdida del mundo tan simple en que habían vivido, incapaces de entender por qué se había truncado una proceso repetido por generaciones, por qué sus polluelos, hechos para remontar el cielo yacían cruelmente en el suelo, entre las ramas rotas, tan rotas como sus diminutos corazones hechos para la cantar y ser libres, tan solo eso: cantar y ser libres.”

 Y es que, querido niño, ¿de qué sirven los avances si no te permiten sopesar lo que atrás dejar? ¿si no te permiten mirar alrededor, ser libre y bendecir la vida? ¿Acaso la fuerza y el conocimiento nos convierte en seres insensibles, egoístas y crueles?

 Querido niño, que tus alas sean de acero mientras tu corazón lo sea agradecido y si un día se rompe como la rama ante la desgracia, más bien toma el tiempo necesario para recuperar aliento, después del ocaso amanecerá de nuevo, abre las alas y remonta el vuelo.

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  • Autor: Lourdes Aguilar (Offline Offline)
  • Publicado: 11 de enero de 2026 a las 17:31
  • Categoría: Espiritual
  • Lecturas: 1
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