La victoria más dulce no es la que se arrebata, sino la que se concede en el silencio de una habitación a media luz. Hay un triunfo particular en el momento en que dos voluntades dejan de luchar para empezar a pertenecerse, sin condiciones y sin máscaras.
El roce de tus dedos sobre mi piel no busca conquistar territorio, sino recordar el camino. Es un lenguaje de susurros y respiraciones entrecortadas donde no hace falta fingir. En este espacio, ser fiel a uno mismo significa rendirse al deseo, dejando que el pulso dicte las reglas que la razón suele imponer durante el día.
No hay mayor trofeo que ese instante de vulnerabilidad compartida, donde el calor de los cuerpos borra las dudas. Al final, el éxito no es ganar la partida, sino perderse el uno en el otro sin miedo a no encontrarse, sabiendo que en cada caricia, más que poseernos, nos estamos reconociendo.
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Autor:
Will (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 11 de enero de 2026 a las 07:22
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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