He sentido mi existencia como una carta.
Esas blancas de dominó sin pintas.
Esa carta que no usamos, aquella que desechamos
sino nos hace falta en el juego de la vida.
He sentido que soy, un pedazo que rellena huecos
un lugar en medio del misterio, una certeza que prescindible se vuelve
cuando no nos hace falta hablar o resolver misterios.
En la estrategia, soy aquella que rellena piezas
no que las completa, ni tampoco tiene grandes destrezas.
He pensado mil veces que no soy como ninguna de ellas.
Reemplazable, como esos amores difusos.
Aire, soy como el aire; invisible para muchos.
Luz, permanente que abre campo visual,
aunque imperceptible para los ilusos.
Soy una hoja, una hoja verde,
Una planta, inexistente.
Quítale el aire a la gente,
La brisa, la luz, los puentes.
Quítale a los bárbaros sus fortaleza
Que la dan por sentada, aquellos veranos cuando los acechan.
Sí, quizás comencé este poema
Sintiéndome reemplazable.
Pero quita de tu vida lo indispensable, verás ahí,
lo importante que puede ser el aire
para cualquier alma que necesite vivir,
para aquellos que no soportan
la insoportable levedad del existir.

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