La Amada Silenciosa del Autobús

Luis Barreda Morán

La Amada Silenciosa del Autobús

Cada mañana, cuando el alba tiende su manto gris
y la ciudad despierta entre bostezos de metal,
subo al autobús número siete, y allí te encuentro,
sentada junto a la ventana, intacta y celestial.

Llevas un aura de misterio entre las manos quietas,
tus ojos leen paisajes que yo nunca veré;
eres un verso suelto en este poema urbano,
la sílaba callada que mi corazón aprenderá.

No sé tu nombre, ni la música que escuchas,
ni el sabor del café que tus labios probarán;
pero conozco la curva de tu cuello cuando miras afuera,
y la manera en que la luz dibuja tu perfil al pasar.

Tu silencio es un idioma que estudio cada día,
un alfabeto de gestos, de pestañas bajadas,
de suspiros que se pierden entre el ruido del motor,
de sonrisas fugaces que se esfuman al llegar.

Hay días en que llevas el invierno en tu abrigo azul,
y otros en que el verano florece en tu vestir;
pero siempre eres la isla en este mar de prisas,
el refugio quieto donde puedo existir.

¿Qué sueños guardas tras esa frente serena?
¿Qué memorias viajan contigo en este trayecto?
¿A qué puerto te llevan estas rutinas diarias?
¿Qué amor espera donde bajas, en secreto?

A veces nuestros hombros casi se rozan al girar,
y el universo cabe en ese casi, en ese no;
un milímetro de tela que separa dos planetas,
una eternidad de vértigo en este viaje a ciegas.

He inventado mil vidas para ti en mi imaginación:
tal vez eres pintora de amaneceres escondidos,
o traduces al español los susurros del viento,
o coleccionas hojas secas con sus mapas vencidos.

Pero prefiero no saber, guardar el misterio,
dejarte ser la musa que no necesita voz;
porque en este amor sin palabras, sin promesas,
soy libre de amarte sin pedirte nada, sin temor.

El autobús avanza por avenidas y semáforos,
y yo escribo poemas mentales en tu honor;
versos que nunca leerás, rimas de admiraciones,
que se desvanecen cuando bajas, con dolor.

Un día, quizás, el destino nos hable con atrevimiento,
y encuentre mi valor donde hoy solo hay temblor;
mientras tanto, sigo amándote en silencio, a distancia,
en el templo móvil de este autobús, con devoción.

Porque a veces el amor más puro es el que no se declara,
el que vive de miradas, de presencias, de quizás;
el que se nutre de lo no dicho, de lo posible,
y florece en los rincones callados de la ciudad.

Así te amo, amada desconocida del autobús,
en el lenguaje mudo de los enamorados tímidos;
guardiana de mis mañanas, musa de lo cotidiano,
mi eterna casi-algo, mi silencio compartido.

—Luis Barreda/LAB
Los Ángeles, California, EUA 
Enero, 2025.

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Online Online)
  • Publicado: 10 de enero de 2026 a las 00:32
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2
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