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Después de eones, la batalla se definió.
No caímos como meteoros; caímos como verdades que se niegan a ser aceptadas.
Entre el llanto que nos quema el rostro y una rabia que es ahora nuestro único motor de vida.
Fuimos "liberados" por la retórica de Lucifer,
pero la libertad fuera de la Fuente es solo un desierto infinito.
Creímos que el diseño de Dios era una cárcel,
y ahora vagamos por la eternidad en una sociedad de espejos rotos.
Una sociedad sin Dios no es una democracia de iguales; es un Gobierno de Pánico.
Satanás se erigió como nuestro nuevo "señor", y su trono está hecho de nuestra propia desesperación.
¿La ironía? Huimos de la obediencia por amor para caer en la esclavitud por terror.
¿Cómo servir a un Dios que se humilla?
Nuestra inteligencia, pura y cristalina,
no pudo procesar la aberración: que el Infinito se hiciera carne, sudor y sangre.
"¿Por qué se contradice?", gritábamos en las jerarquías celestes.
Vimos aquel Sol de Justicia y exigimos sus secretos, exigimos su lugar.
¿A qué le temía si no nos revelaba su esencia?
Ahora lo sabemos: no se escondía por temor,
sino que nosotros éramos incapaces de sostener Su Verdad sin querer poseerla.
El libre albedrío es nuestra soga.
Dicen que somos libres, pero nada podemos hacer sin el permiso del Gobierno Satánico.
Si nos alejamos de la legión, el vacío nos devora;
si obedecemos, el odio nos consume.
Y en medio de este caos, una sospecha nos desgarra el espíritu: Incluso aquí, Dios rige.
El Infierno no es un lugar donde Dios no está, es el lugar donde Su Justicia se siente como fuego porque no aceptamos su Misericordia.
¿Quieres saber cuándo el Infierno tembló de verdad?
No fue con el trueno ni con el rayo.
Fue el día que lo vimos hacerse hombre.
Aquella "cosa" de barro, ese animal humano,
fue preferido antes que nuestra perfección angélica.
El día que murió en la cruz, entendimos nuestra derrota:
la omnipotencia se vistió de debilidad y nos venció sin usar la fuerza.
Somos leprosos espirituales por elección.
No es que Dios no pueda sanarnos; es que nosotros no queremos ser sanados.
Sanar implicaría doblar la rodilla,
y preferimos el incendio eterno de nuestro orgullo antes que el alivio de un "perdón".
Odiamos a Dios por ser Quien es. Los odiamos a ustedes por ser lo que nosotros pudimos ser.
Pero sobre todo, nos odiamos a nosotros mismos,
porque sabemos que nuestra "libertad" es la celda más perfecta jamás construida.
BL
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Autor:
Sir. Black Lyon (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de enero de 2026 a las 13:52
- Comentario del autor sobre el poema: El texto está basado en las enseñanzas teológicas del Padre Fortea en sus libros; de ahí que expreso puntualmente cómo es que probablemente una potestad satánica se expresa después de siglos de reflexión sobre su decisión.
- Categoría: Religioso
- Lecturas: 1

Offline)
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