Grietas
No tengas lástima de mí.
El río no llora por su cauce ni el bosque por su leña.
Lo que la vida talla con cuchillo, yo lo convierto en mapa de mi tierra.
Soy el muro que resiste la tormenta, no la flor que se humedece y se lamenta.
No tengas lástima por mis cicatrices.
Son fronteras de batallas ya ganadas, geografía del alma atormentada que en silencio y a su modo cicatriza.
Esos surcos que tus ojos ven rotundos son solo el lado oculto de los mundos.
Cada una es un surco en la corteza del árbol que aprendió, por la dureza, que la savia más dulce sube al cielo entre espinas, con sudor y desconsuelo.
No tengas lástima por mi silencio.
No es vacío ni derrota: es el puente que he tendido sobre el foso de las dudas.
Es el reposo del guerrero, no su muerte.
Es el eco de una verdad tan alta que en palabras comunes se desmorona y malgasta.
Prefiero el mutismo de la roca al ruido vano de la charla loca.
En mi callar se gesta un nuevo grito.
Dicen que tengo el corazón de piedra.
Quizás.
Pero es la piedra del cimiento, la que sostiene sin hacer alarde, la que aguanta el peso de lo cierto.
No es la flor liviana que el primer viento mata y deshoja.
Es la base, áspera y sola, sobre la que se puede construir la vida, la única posible, la que anida en la hondura más prohibida.
No me traigas paños tibios ni consuelos de bazar.
No me hables del mañana con sus velos.
Yo camino con los pies en el hoy, pisando firme sobre lo que hay, sin miedo.
Mi horizonte no es promesa, es este suelo.
Si en mí ves soledad, no la nombres.
No es ausencia: es la forma del que sabe que la esencia más profunda y verdadera solo en su compañía se labra y espera.
Es el ancho territorio del que vuelve, no del que huye.
He dejado bosques y capitales años por seguir la luz de mis señales.
He sentido cómo el tiempo, como un machete, divide al que fui del que seré.
Y sigo aquí.
No por soberbia, sino porque aprendí que el único deber es ser, ferozmente, aquello que uno es, aunque duela, aunque cueste, aunque el mundo diga que es desatino.
Mi victoria no es un triunfo: es este destino.
Así que guárdate tu lástima, te ruego.
No la quiero.
Es un peso que no cargo, un lujo que desdeñé hace tiempo.
Si me miras, mírame de frente.
No busques en mis ojos el rastro de la queja.
Si acaso, verás el fuego tranquilo de la tea que ya no humea, que solo arde con una llama clara, seca y entera.
La lástima es para quien no entiende que en la grieta más profunda a veces nace, contra toda esperanza, la semilla más bella y más extraña.
—Luis Barreda/LAB
Los Ángeles, California, EUA
Enero, 2023.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Online) - Publicado: 9 de enero de 2026 a las 01:33
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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