PROEMIO
¡Serenidad, oh serenidad!,
que vienes descendiendo
desde los cielos y ante
aquellas miradas bajas y tristes
levantas con el calor de un padre.
¡Serenidad, oh serenidad!,
en las horas más desoladas,
cuando nadie parece estar.
Cuando en el completo abandono
el aroma familiar y la ternura
nunca antes conocida que abraza
como tibia y ligera lluvia.
¡Serenidad, oh serenidad!,
piedad al fin.
***
EL PAISAJE DE LA CONSCIENCIA
A lomos del viento
cabalgando los cielos
en un periplo que salmodia
la vasta arquitectura
en aquellos reinos
donde mi amigo el hombre
hace de su destino su gran obra.
Humilde hombre de sencillo
y generoso corazón que se sabe hombre.
La piedad desciende sobre él
como el descanso que no se esfuerza
sino que deviene de la ternura.
Nunca jamás un juez lejano,
sino tan presente como la vida
que abraza en la hora más desolada.
Nunca jamás un mensajero gritando
al desierto, sino que un hijo
descansando en el jardín.
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Autor:
Mario (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 8 de enero de 2026 a las 14:55
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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