Con la cabeza recostada
sobre mis manos, me doy
un largo respiro. Aspirando
el aire que por días olvidé
respirar. Y me digo: ojalá.
Pero no sé, no entiendo
porque esa palabra me ha
brotado tan fresca. Pintando
mi lengua de alguna evidencia
que sospecho. Sin embargo,
sé que se trata de ese algo
que vengo acariciando. Y es
un algo que en realidad, nada
tiene que ver con un algo.
Pero el azar de una palabra
que motiva un deseo, es la
certeza de aun estar vivo.
Y hoy, la charla de esta mañana:
Hablando del Sol como el humor.
Si hoy hace Sol tibio, fresco, seco...
Que buenos días, Señor Kikiriki. He visto
esta mañana a sus párvulos polluelos
correr trás la diligente mamá gallina.
No te pienses que me olvido, que el
llanto se me ha secado y ya no lloro.
De vez en cuando, siento la ausencia
de cada una de mis flores a las que
se les ha apagado la luz, una luz que
siempre vuelve a la siguiente temporada. Mientras tanto, le peino los rayos al Sol
y hago trenzas de fuego. Y este fuego
cubre las pieles del mundo y sus habitantes.
Y ellos creen que se trata del ocaso, que
el Sol apaga su interruptor para entregarse
a los brazos de la oscuridad. Y ojalá no fuera
así. Ojalá todos pudieran ver que siempre es de día. Que el corazón bulle, no para jamás. Que nadie siente a ratos, o que la vida es tan solo de momentos, cuando se da la gana y así. ¿Y quién quiere medio vivir? Todo es inevitablemente transitorio, y la existencia se mueve a una velocidad vertiginosa. Si tú pudieras ver esa existencia moviéndose alrededor tuyo, no volverías a anhelar un Universo desconocido, y jamás, pero jamás te volverías a sentir solo. ¡Ánimo!
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Autor:
Mario (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 7 de enero de 2026 a las 18:45
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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