Del Poeta de la Plaza
Cierto poeta aplicado
salió a la plaza a cantar
llevaba el verso ordenado
y el juicio en buen lugar.
Mas vio que al grito exagerado
todos querían seguir
y al callado bien labrado
nadie quiso acudir.
Gana fama el más sonoro
no siempre el más verdadero
que confunden brillo y oro
quien juzga por lo primero.
El sabio escribe despacio
no mendiga atención
sabe que el tiempo es palacio
donde reina la razón.
No corras tras el aplauso
ni envidies fama ligera:
el verso fiel a su cauce
siempre llega a su ribera.
Que al ruido lo lleva el viento
y al arte lo guarda el ser
lo primero es solo momento
lo segundo… es permanecer.
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Autor:
Ellie (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 7 de enero de 2026 a las 15:05
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema_ cuento, terminado en moraleja, nace de una observación insistente: la poesía no siempre fracasa por falta de calidad, sino por exceso de ruido alrededor. La sátira no apunta a personas concretas, sino a una lógica cultural que confunde visibilidad con valor y volumen con hondura. Don Prudencio no es un individuo real, sino una figura simbólica: el creador honesto que aún cree que el verso se sostiene por sí mismo. Su “desfallecer” no es derrota, sino desajuste entre el tiempo del arte y la prisa del aplauso. Es un modo de usar una forma tradicional, casi popular, para cuestionar prácticas modernas. El ritmo ligero contrasta con la crítica, reforzando la ironía. La sátira suaviza el juicio, pero no lo vacía. Finalmente, el poema defiende una convicción personal: el verso verdadero no necesita defensa ni propaganda. Puede pasar inadvertido, incluso parecer ausente, pero el tiempo, lector silencioso y justo, termina devolviéndolo a su lugar. No todo poeta tiene el don de cantar, pero ama el silencio y se alegra su corazón al mostrar su arte.
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 2

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