EL QUINTO CORAZÓN Y EL CORAJE DE EMPEZAR
Titania abandonó satisfecha las tierras del Este, con su preciado cuarto corazón y prosiguió su periplo hacia los dominios del inhóspito Sur. En su varita lucían ya cuatro muescas activas. La Generosidad, la Humildad, la Esperanza y el Reconocimiento se fundían en la Llave del Compromiso, manifestándose con una intensidad creciente.
Este viaje resultó ser el más extenuante. Tras dejar atrás las anteriores llanuras calcinadas y ahora en proceso de regeneración, se adentró en la región de las Cumbres Perdidas, un laberinto de montañas erosionadas bajo una niebla densa y estancada que olía a moho y a agua insalubre. Aquella bruma era el resultado palpable de una memoria ausente. Allí, el Lokardo del Olvido se manifestaba en su forma más insidiosa: la Apatía. La gente del lugar, abrumada por el peso acumulado de los problemas, simplemente se había sucumbido al abandono y la dejación, incapaces de luchar contra la inactividad, facilitando que las malas hierbas crecían por doquier.
Titania descendió hasta una hondonada profunda conocida como el Pozo del Vacío. Allí, oculto en un rincón sombrío, yacía el Corazón de Madera del Sur. Era la esfera más pequeña y, paradójicamente, la que mejor aspecto conservaba a simple vista. Sin embargo, su brillo estaba extinto, envuelto por una aparente capa de seda gris, similar al polvo fino que se acumula con el paso del tiempo en los rincones que nadie limpia.
“El Dominio de la Parálisis”, reconoció Titania. Aquel Corazón se hallaba dormido bajo el hechizo de la inacción. Para despertarlo se requería el Coraje de la Acción: ese impulso vital que nos permite realizar la primera y más pequeña tarea cuando el objetivo final parece una cima inalcanzable.
Buscando una señal de vida, Titania halló una pequeña aldea en la soledad del valle. Las casas eran sólidas y la tierra fértil, pero el silencio era su epitafio. De repente captó un débil sonido metálico que la guió hacia un sendero que ascendía por la ladera, un camino antes vital que alguien había intentado sepultar bajo un inmenso alud de rocas y escombros.
Al pie de la barrera de piedra estaba Kira, una joven de aspecto sano y complexión fuerte que contemplaba el desastre con ojos vacíos sin saber qué hacer.
—¿Por qué no retiras estas piedras? —preguntó Titania. La muchacha ni siquiera se sobresaltó; para ella, el hada era solo una sombra más en la lechosa boira.
—¡Es imposible! —respondió con voz apagada—. Mira el tamaño de este desastre. Mi abuelo murió intentándolo y mi padre quedó lisiado. Llevamos una década esperando que la erosión o una lluvia torrencial despejen el camino. Son demasiadas rocas mezcladas con lodo seco y muy pesadas... es mejor resignarse.
Titania observó que la aldea sufría una desgana contagiosa. El derrumbe se había convertido en la excusa perfecta para dejarse llevar por la pasividad, alimentada por un mantra de venenoso desánimo: "Es demasiado grande", "No es mi culpa", "Mejor no hacer nada".
—No te pido que retires el alud —dijo Titania con una convincente calma—. Solo te pido que muevas una mínima gravilla. Kira la miró con una chispa de incredulidad. — ¿Una sola piedrecita?.
—Sí. La más pequeña. Solo para demostrarte que la pasividad es una elección, no un destino. Todo parece imposible hasta que se hace. ¡Adelante, Kira!.
Kira suspiró para tomar fuerzas y, con visible indolencia, se agachó para apartar un guijarro del tamaño de una bellota. Fue un gesto mínimo, casi insignificante, pero fue el primer movimiento. Un efecto de la fuerza de la voluntad que provocó que el hechizo de la parálisis desapareciera.
—Kira, has elegido la acción. Toca la esfera y sella tu compromiso. Con cierto recelo, la joven dejó que las yemas de sus dedos rozaran la capa de motas grises. Al contacto, la venda de la apatía se disolvió como si fuera barrida por un vendaval invisible. El Corazón del Sur mostró un pulso rítmico de color verde profundo: la luz de la perseverancia.
La quinta muesca de la varita se iluminó con un fulgor alentador.
Por primera vez, Titania sintió en sus manos la fuerza total de la Arborigenia. El efecto fue inmediato. En la aldea, las puertas empezaron a abrirse, los animales mugieron y el sonido de las herramientas volvió a marcar el ritmo del quehacer diario. Kira, mirando la pequeña piedra que había movido, comprendió que el camino ya no era una imposibilidad, sino una serie de pasos sucesivos.
—El Olvido se retira, Kira —sentenció Titania—. Recuerda: la tarea más grande siempre comienza con el acto más pequeño.
Con los cinco Corazones restaurados, una alarma gélida recorrió la espalda de Titania. El Lokardo del Olvido, al sentir que su red de parálisis y sombras se desmoronaba, rugió en la distancia. El enemigo no se daría por vencido; intentaría reclamar por la fuerza lo que ya no podía controlar mediante devastadoras artimañas.
Titania se elevó y, usando su varita como un faro, proyectó un mapa de musgo sobre las nubes que señalaba el epicentro del poder: el Fresno Silente. Voló a toda velocidad hacia el Dosel Viejo, donde la ninfa Akelia y el sabio leñador la esperaban con semblante de alivio.
—El Lokardo regresará con toda su furia —advirtió Akelia.
—Que venga —respondió Titania—. Ahora somos más fuertes, más sabios y estamos mejor preparados.
Invocando la energía de las cinco muescas, Titania convocó los cinco Corazones. Las esferas de ámbar volaron desde los puntos cardinales, convergiendo a los pies del Fresno Silente. Bajo la dirección de Titania, y con la ayuda del conocimiento ancestral de Akelia y la sabiduría práctica del leñador, procedieron a encriptar la seguridad del bosque. No podían dejar los Corazones juntos, pues serían un blanco fácil para alguien que quisiera apoderarse de ellos. Debían integrarlos en la propia protección esencial de la naturaleza:
- El Corazón Central (Generosidad): Se fundió con el núcleo mismo del Fresno Silente para alimentar a todo el bosque.
- El Corazón del Oeste (Humildad): Fue entrelazado en una raíz secundaria y oculto bajo el lecho de un arroyo secreto que solo la ninfa podía vigilar.
- El Corazón del Norte (Esperanza): Se enterró bajo el umbral de la casa del leñador, protegido por el calor del hogar y la vigilancia constante de todos los seres vivos.
- El Corazón del Este (Reconocimiento): Fue colocado en la cima de una peña escarpada y blanca, donde el primer rayo de sol lo activaría cada mañana.
- El Corazón del Sur (Acción): Este, el más pequeño y valioso por lo que representaba, fue confiado personalmente al leñador. Él lo llevaría siempre consigo, pues el mayor tesoro del bosque debe ser custodiado por la nobleza y la voluntad del ser.
Con los talismanes a buen recaudo, la Arborigenia volvió a fluir, tejiendo una red invisible que el Olvido no podría romper fácilmente. Titania descendió sobre el suelo, sintiendo cómo su varita regresaba a un estado de reposo tranquilizador.
El invierno comenzó a manifestarse con los primeros copos de nieve cayendo sobre el Dosel Viejo. En aquel frío silencio del bosque, Titania sintió la llegada de una presencia familiar, de una vieja figura que ella conocía muy bien…
*Autores: Nelaery & Salva Carrion
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Autor:
Salva Carrion (
Offline) - Publicado: 7 de enero de 2026 a las 10:42
- Comentario del autor sobre el poema: Autores: Nelaery & Salva Carrion
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