La noche empezó
cuando apagaste la luz del pasillo.
No hubo despedida.
El reloj siguió
como si nada.
Tu abrigo quedó en la silla,
ocupando un lugar
que nadie más iba a usar.
La ventana abierta:
el frío entrando
igual que esa idea
que ya no se discute.
Me quedé de este lado:
la casa,
un vaso con tu marca,
el hueco exacto
donde estabas.
Del otro lado
no quedó tu voz,
quedó el silencio
aprendiendo mi nombre.
La noche no fue ausencia.
Fue frontera.
Y yo
—sin cruzar—
empecé a perderte.
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Autor:
Daniii (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 7 de enero de 2026 a las 00:21
- Categoría: Sin clasificar
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