Al verte cara a cara, representabas tantas vidas lejanas, tantas despedidas inconclusas y besos con sabor a viejas heridas, tantas luchas que dejaron huella en nuestras almas.
Podría desentrañar el secreto de tus estrellas, el rastro que tus lágrimas dejaron en tu rostro, mientras calmaba tu dolor, no dejes que eso apague tu brillo.
En esos ojos, el pasado pesa, muchas tormentas pasan y la calma regresa.
¿Qué hay en tu canción, Cenicienta, que callas al ver el viento llegar a tu puerta?
Miras al cielo en busca de alivio, mientras alguien en la distancia siente lo mismo.
Solo la eterna promesa de tus manos tocando la brisa, y mientras moldeas tus palabras torcidas al unísono con un verso sin prisa.
Somos dos afluentes que fluyen, con la misma libertad, en la misma dirección, abrazando la tormenta.
Un abrazo lento, con paso amplio, a la deriva en aguas turbulentas, pero avanzando. La noche sucumbe a lo que ocultas, las estrellas desaparecen antes del amanecer.
Ahogando batallas perdidas, sanando heridas, dejando las ventanas abiertas, permitiendo que el dolor disminuya y así, una vez más, tu hogar rebosa de vida.
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Autor:
Augusto Fleid (
Offline) - Publicado: 6 de enero de 2026 a las 20:52
- Categoría: Amor
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Aqua Marina

Offline)
Comentarios1
Triste pero bellamente melancólico...
Saludos poeta.
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