Como tres mosqueteros, tres amigos,
caminaban las calles de la sierra.
A paso firme los tres iban perdidos,
tras las más hermosísimas doncellas.
Lujuriosos, amando hasta los valles,
con aire audaz, de caza y de Tenorio,
entre el polvo y las piedras de las calles
sigilosos, explorando territorio.
Luego de caminar como tres leguas,
de forma muy extraña y misteriosa,
al pueblo al fin llegaron, y sus huellas
grabaron en las puertas de sus chozas.
Tres ninfas se alzaban en el umbral,
con sus rostros lánguidos y sublimes,
y sus brazos como alas de cristal;
y en sus pechos, el amor que los redime.
Con sus tres corazones en la boca,
tres parejas de ojos las miraron:
“¿De las tres cuál será la que me toca?”
sin decir una palabra preguntaron.
Ellas los recibieron con dulzura,
jamás como a extraños los miraron;
eran tres corazones, alma pura,
y esa noche la vida celebraron.
Llegó la hora de partir —dijeron—,
a la par se colgaron de sus talles.
Besos en las mejillas compartieron,
y en silencio abandonaron sus calles.
Han pasado tres décadas del hecho,
y aunque ninguno vive donde siempre,
aún siguen llegando a sus buzones
tres cartas manuscritas por los duendes.
Apolo
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Autor:
Apolo De Lira (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de enero de 2026 a las 17:59
- Comentario del autor sobre el poema: Como tres mosqueteros tres amigos se adentran en lo profundo del bosque, donde la luz apenas roza el suelo y el viento guarda secretos antiguos, donde nacen las melodías que inspiran este poema. Ninfas y Duendes es un viaje sensorial hacia ese territorio donde lo invisible respira, los susurros del follaje se vuelven canto y las sombras danzan con vida propia.
- Categoría: Amistad
- Lecturas: 15
- Usuarios favoritos de este poema: JUSTO ALDÚ, EmilianoDR, Alma Eterna, alicia perez hernandez

Offline)
Comentarios1
El poema recrea una fábula de iniciación amorosa donde la camaradería y el deseo juvenil avanzan de la mano, envueltos en un aire legendario que remite tanto a la épica como a la picardía clásica. La sierra y el pueblo funcionan como espacios simbólicos del tránsito: del impulso errante al encuentro revelador. Destaca el tono celebratorio, más cercano a la memoria que a la conquista, donde el amor no se posee sino que se comparte y luego se recuerda. El cierre, con las cartas que aún llegan, introduce una nota de realismo mágico: el pasado no se cierra, insiste, escribe, deja huellas persistentes en la vida adulta.
Saludos.
¡Gracias del alma Justo!
Tu interpretación es sencillamente exquisita…
Gracias por leerme.
Muchas cosas en la vida son así.
Saludos
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