Sin título
Hoy quería dedicarme a las tareas del hogar, algo que he ido alargando durante semanas. Como consecuencia, la polvareda que se levanta nada más poner los pies en el suelo ciega mi visión de tal forma que me resulta imposible encontrar por dónde meter la llave para abrir la puerta al patio.
La aspiradora me mira al pasar por su lado. Parece darme a entender que se alegra de que la haya dejado tranquila (si tuviera ojos, me guiñaría el derecho en señal de confidencia). El polvo amontonado ha deformado hasta el sillón donde acostumbro a sentarme; es como si, al sentarme, el Ángel de la Guarda me hubiera puesto un cojín.
Después de haber encontrado el agujero de la cerradura, salí al patio y…
que quede bien sentado: no aspiro en absoluto a que me beatifiquen y menos aún a que me santifiquen por lo ocurrido en el patio. Por favor, que a nadie de vosotros se le vaya a la cabeza ventilarlo fuera del postigo de cada casa. Me agobia pensar en las consecuencias. Imaginaos mi humilde mansión convertida en lugar de peregrinaje. ¡NO, NO y mil veces NOOO!
Encomendaros a todos los santos que me preceden, en particular a ese de Asís, con el que me quieren comparar, para que no se lleve a cabo lo que ya ha comenzado (ya se habla por aquí de ir a visitar a San Carry [Soy yo]). Gente que ni siquiera conozco de vista vende velas a precios increíbles y ha colocado cepillos donde no se admite calderilla, además de una pegatina en la puerta con código QR en continua comunicación con una cuenta corriente, con la intención de construir una catedral con mi patio como altar. Ya han comprado las casas de mi alrededor y dentro de poco empezarán las obras. Esto no hay quien lo pare… y yo sin poder hacer nada.
Entre paréntesis, el no hacer nada me iba muy bien, pero estar todo el día en un trono hecho a medida, envuelto en una nube de incienso y velas olorosas no se lo deseo a nadie. Cierro paréntesis. Quedé en que salí al patio y la escena que contemplé me sumergió en un ambiente de psicodelia surrealista del que aún no he sido capaz de desprenderme.
Mirad, en mi patio, entre otras plantas y yerbajos, crecen dos: la primera es un arbolito de nombre Hibiscus syriacus y la otra, Chícharo de flor (Lathyrus adoratus). El hibisco crece firme (tronco, ramas), mientras que el lathyrus (rastrero/trepador) ha nacido al pie del hibisco y con sus tentáculos se entremete en las ramas para competir con las flores del hibisco.
Pues bien, lo que me quedó parpadeando y confuso fue la conversación que estaban manteniendo dos de sus flores. Si se hubiera quedado en eso, ¡allá ellas!, pero es que me invitaron a dar mi opinión sobre el tema que les traía entre pétalos. Accedí a su petición de guardar el secreto de nuestra conversación y así lo hago. Lo frustrante es que uno de los vecinos aplicó la oreja a la valla, y las consecuencias ya las habéis leído más arriba.
Yo me atengo a mi promesa, pero no me considero responsable de lo que se ha desencadenado en mi entorno.
Un abrazo y no os olvidéis de elevar vuestras plegarias a quien sea en las alturas, con tal de que no me vayan a santificar.
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Autor:
MIGUEL CARLOS VILLAR (
Online) - Publicado: 6 de enero de 2026 a las 13:46
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3

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