La Niña Silenciosa

Luis Barreda Morán

La Niña Silenciosa

Nació en una mañana sin ofrendas florales ni voces festivas,
abriendo al mundo sus ojos con mirada singular y profunda.
Aprendió demasiado pronto el arte de callar las palabras activas,
escuchando en su silencio una verdad interior y fecunda.
Su esencia delicada era un jardín de sensaciones sensitivas.

La llamaron extraña por abrazar la lluvia con los brazos abiertos,
por sonreírle a la brisa con una dulce complicidad secreta.
Bailaba sin seguir compás, trazando libres y sutiles trazos,
y su mutismo era un lenguaje de una hondura inquieta y concreta.
Le lanzaron el peso del mundo con gestos torpes y despiertos.

Le cerraron los párpados a fuerza de gritos y desprecio,
apagando con rudeza su luz mágica y sutilmente radiante.
La escondieron bajo capas de un miedo espeso y necio,
dejándola completamente vacía y triste en un rincón agonizante.
Su espíritu libre se doblegó ante un daño tan terrible y recio.

El sol acarició su piel cuando su interior era oscura noche,
el viento sopló en vano buscando su cabellera danzante.
La lluvia lloró sobre su ser con persistente y fría gota,
sin lograr que latiera su corazón ahora yerto e inerte.
Todo intento de renacer se perdía en su ya inmóvil derrota.

Murió en una jornada gris donde no sucedió nada relevante,
el silencio ocupó cada espacio de su frágil y pequeño cuerpo.
Flores brotaron después llenando el aire de un aroma constante,
en el vacío que dejó su ausencia con un adiós eterno y yermo.
La existencia perdió un brillo sutil, leve, pero importante.

Solo la tierra húmeda lloró la pérdida callada de la niña rara,
mojando con su llanto las raíces de todas las plantas del suelo.
Nadie más notó que el universo se entristeció con su desgarro,
que se apagaba una chispa diferente bajo un rudo y ciego duelo.
Se marchitó una historia de inocencia, pura, singular y clara.

Y el mundo siguió girando, un poco más frío y menos amable,
olvidando pronto aquella presencia silenciosa y sensitiva.
Quedó solo el recuerdo de un ser que fue incomprendible,
cuyo ritmo interno la vida colectiva no supo comprender.
Su esencia se fundió con la lluvia, el viento, lo intangible.

—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA 
Enero, 2025.

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Online Online)
  • Publicado: 6 de enero de 2026 a las 01:47
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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