El niño de Venezuela

Gabriel Hernán Albornoz

El niño de Venezuela

El niño de venezuela no sabía de la felicidad,

él solo sabía lágrimas en soledad

mientras un ejército de extranjeros les mentía libertad.

Él tenía una bicicleta

con la cual perseguía una paloma

una paloma blanca que nunca pudo alcanzar,

una paloma que volaba en el aire caribeño

que quemaba su rostro bajo el inclemente sol de Caracas.

Él tenía muchos hermanitos

y un papá que se fue para no regresar,

él tenía muchas lágrimas

y con cada una de ellas, una estrella podía apagar.

Pero no pudo con aquel ejército de falsos redentores

que con su bandera de estrellas

apagó sus lágrimas, y le arrebató a su papá.

Y mientras aquella paloma blanca sigue sin dueño,

buscando en vano una rama donde descansar,

solo encuentra cañones y armas

y una amenaza para su herido mensaje de paz.

Hoy el niño no regresó, salió a ganarse el pan.

Sus hermanitos lo salieron a buscar.

Hallaron su bicicleta, sus ruedas aún no paraban de girar,

una tropa de profetas infernales

y una paloma sin dueño, sin saber donde aterrizar,

pero tan blanca como el alma de aquel niño,

que por fin encontró la paz y a su papá.

Estaba donde no llegan los vientos

ni el hombre con sus estruendos.

Estaba más allá de los cielos,

donde termina la injusticia y el caribe de Caracas

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