¡¡SANGRE SOBRE LA ARENA!!
No tengo palabras, no tengo colores ni tengo sonidos.
No hay poemas que me emocionen ni una sola lágrima se resbala en mi lánguido latido.
El viento me arrebata en este día, el abrigo de unos brazos convertidos en sangre sobre la arena.
El dijo¡¡COMO YO TE HE QUERIDO, ASÌ NO TE QUERRAN!!
Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, qué nombre tan largo querido poeta para que después de tu corta vida fueses reconocido.
Hoy no tengo palabras, ni golondrinas revolotean desde dentro de mi pecho, tampoco sonidos.
Tengo dolores de otros cielos, tengo heridas que desangran sobre la tibia arena, y desgranan tibia sangre porque siento que soy la más larga de las penas en este eterno olvido.
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Autor:
catia-love (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 3 de enero de 2026 a las 13:31
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 55
- Usuarios favoritos de este poema: William Contraponto, El Hombre de la Rosa, racsonando, Aqua Marina, Mª Pilar Luna Calvo, EmilianoDR, Mauro Enrique Lopez Z., Javier Julián Enríquez, Anton C. Faya, JUSTO ALDÚ, Lucía gómez, Violeta, 🌱🌷 MariPD, Poesía Herética, benchy43

Offline)
Comentarios4
La genialidad alumbra tus preciadas estrofas estimada poetisa y amiiga Mirta Elena Tessio
Saludos afectuosos desde España
El Hombre de la Rosa
Mirta, todo muy hermoso y a tu estilo.
Feliz 2026.
Saludos cordiales.
Muchas gracias, querida Mirta, por este bello poema impregnado de una profunda melancolía que insta al lector a una reflexión sobre la pérdida y el olvido. Así, la recurrencia de la ausencia de palabras, colores y sonidos, en concomitancia con la imagen de «sangre sobre la arena», sugiere una experiencia de dolor y vacío existencial. En este sentido, la mención del poeta Bécquer, y su reconocimiento póstumo, añade una dimensión de reflexión sobre la fugacidad de la vida y la trascendencia del arte. Por ende, Bécquer junto con Rosalía de Castro en el siglo XIX son los precursores de la lírica moderna en España. En este contexto, el lamento final, en el que la voz poética se percibe como «la más larga de las penas en este eterno olvido», culmina en una meditación sobre la condición humana y el sufrimiento inherente a la existencia.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo de luz con mi más afectuoso aprecio
El texto se levanta como un lamento desgarrado, donde la ausencia de palabras se convierte, paradójicamente, en el lenguaje más elocuente del dolor. La evocación de Bécquer no es homenaje erudito, sino herida compartida: el amor absoluto, dicho como sentencia, resuena trágico y definitivo. Las imágenes de sangre y arena funden lo íntimo con lo fatal, creando una atmósfera de duelo irreversible. Todo el poema respira una pena antigua, casi mítica, que no busca consuelo, solo verdad en su desangramiento.
Saludos.
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