◇ El bote, el perro y el pescador

Vientoazul


AVISO DE AUSENCIA DE Vientoazul
El lunes 18/05/2026, cargué la mayoría de mis publicaciones.
Fue un reto de forma continuada desde el 21/12/2025.
Seguiré leyéndolos asiduamente y de vez en cuando haré publicaciones.
¡Muchas gracias!
Saludos,
Vientoazul

 

◇ El bote, el perro y el pescador

 

De aguas cristalinas y orillas verdes, me invitabas a recorrerte, y eso era precisamente lo que estaba por hacer antes de contemplar el viejo muelle y el río, que tanto me vieron trabajar.

 

Dejaba el bote meciéndose en la orilla, atado junto al muelle. Los bultos estaban esparcidos, esperándome. Cuando lograba acomodarlo todo, hacía subir a Fisho, mi ovejero, y comenzábamos nuestra jornada. Salir al alba era mi costumbre, para aprovechar mejor la marea alta.

 

En las cercanías del antiguo atracadero se encontraba mi humilde casa. Algunos la llamaban "La tapera del pescador", pero lejos de ofenderme, aquel nombre me retrataba tal como era. Vivía de lo que me daba el río y de un pequeño retiro que me había dejado mi padre.

 

Los años pasaron y, al levantar la mirada a mi alrededor, comprendí que solo me quedaba Fisho. La vida austera se había convertido en costumbre. Preparaba con especial cuidado la línea, los anzuelos, revisaba las cañas y los reeles. Buscaba la carnada, el hielo, preparaba el bote y limpiaba los envases de plástico. Casi nunca olvidaba la radio portátil.

 

Compraba lo necesario para las provisiones: harina, aceite, té, mate cocido en saquitos, pan de campo y yerba mate con palo para los amargos. No debían faltarme nunca. Tabaco no, porque lo había dejado hacía tiempo.

 

Si creen que llevaba una vida tranquila, se equivocan. Varias veces regresé con las manos vacías y las tripas casi pegadas del hambre. En esos casos me increpaba diciendo:

 

—Tanto derroche de energía, ¿y para qué?

 

Otras veces pensaba:

 

—¿Por qué no tuve otros oficios?

 

Pero la respuesta llegaba sola. Acompañaba a mi padre, siendo apenas un mocoso, en aquella ruda tarea. Y ya ven, aquí estoy, haciendo lo mismo.

 

Otra cosa eran los días de buen pique. Traía los envases de plástico llenos. Bogas, tarariras, lisas, pejerreyes y carpas eran algunas de las piezas cobradas, y a veces hasta algunos dorados de entre un kilo y medio y tres kilos. Eso me permitía vender parte de la pesca a los vecinos y obtener algo de efectivo para otras necesidades. Como devoto de la Virgen de Luján, siempre le estaba agradecido.

 

Con el transcurso del tiempo me había quedado solo, casi sin darme cuenta. Eso, hasta ahora. Habían pasado doce largos años desde que adoptara a Fisho como mascota. Al evocar su imagen cerré los ojos y apreté fuerte los puños. Hacía pocas semanas había despedido a un amigo, mi perro. Solo el Barba sabrá por qué se lo llevó.

 

Hoy, en esta noche tan fría, miro a mi alrededor y no veo a nadie. Siempre me digo:

—Esto es tan solo un espacio de tiempo y, como todas las cosas, pasará.

 

Sin embargo, pensé:

—No me rendiré nunca, aunque no sé de dónde sacaré las fuerzas.

 

Con la mente serena, guardé todo en la casa. Hoy dejé mi hogar y el campo sin mirar hacia atrás. Caminé hasta el viejo muelle que tanto me vio trabajar. Solamente con un bolso de cuero negro, me quedé allí un rato. Dejé el río sabiendo que me había dado todo cuanto necesitaba. Entonces caminé rumbo a la estación de micros e inicié el viaje, convencido de que afrontar nuevos desafíos es la clave para seguir adelante.

 

♣  

Autor:

Vientoazul 🦋⃟    ©

 

Comentarios +

Comentarios1

  • ElidethAbreu

    Preciosa prosa estimado poeta y que el vientoazul impulse sus letras en el 2026 y siguientes.
    Abrazos y gracias por este viaje que he disfrutado.

    • Vientoazul

      Me emociona que hayas transitado paso a paso, las vivencias de un humilde pescador, gracias. Vientoazul



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