EL CANTO DE LOS SILENCIOS

Poesía en llamas


AVISO DE AUSENCIA DE Poesía en llamas
Mi motivación actual es desconectar de internet, hacer otras cosas, vivir, conectar con un buen libro, sin dejar del todo la esencia de mis letras, por ese motivo permanezco más ausente, ocupándome más de mí y de mi familia

 

EL CANTO DE LOS SILENCIOS


Érase una vez,
en un pequeño pueblo de calles empedradas,
el invierno se quedaba a vivir.
Las chimeneas humeaban para dar calidez a cada hogar y la música no se cantaba: se tocaba.

Cada año, en la fiesta mayor,
la plaza central del pueblo se llenaba de alegría.
Violines, acordeones, clarinetes y zanfonas marcaban el ritmo alrededor de una hoguera.
La gente bailaba para olvidar el frío.
Nadie cantaba. 

Un muchacho, en cambio, cantaba.

Cada tarde frente a un viejo piano practicaba su voz.
Su madre se sentaba a su lado. No decía nada.
A veces apoyaba las manos sobre la madera, como si así pudiera sentir mejor cada nota.
Él afinaba la voz con cuidado, aprendiendo a sostenerla, a respirar, a no forzarla.

Año tras año pedía cantar en la fiesta del pueblo.
Aun solo fuesen unos minutos.
O uno solo.
Siempre la misma respuesta:
Un año de estos…
Cuando crezcas…
Tu estilo lírico no es para una celebración…

Soñaba con marcharse lejos, con teatros iluminados, con sopranos y tenores viajando por el mundo.

—Un día tu voz llegará más lejos que esta plaza —le decía su madre—.
—Con el tiempo harás sentir a los demás todo lo que llevas dentro.

Pero los años pasaban, y él seguía sin encajar.

La noche de la fiesta mayor, el cielo se rompió.

La lluvia apagó la hoguera, dispersó a la gente y vació la plaza.
Las puertas se cerraron. Las ventanas se oscurecieron.
El pueblo se refugiaba del frío y del agua.
Solo quedó el silbido del viento entre las casas.

El muchacho salió sin miedo bajo la lluvia chispeante.

En la plaza, el piano permanecía cubierto con una lona.
La retiró, se sentó, respiró.
Y cantó.
Como lo hacen los ángeles.

La voz se elevó sola, clara, firme.
Una luz se encendió.
Luego otra.
Después otra más.

Las ventanas comenzaron a alumbrarse una a una.

La lluvia fue cediendo. El cielo dejó de llorar.
La gente regresó despacio a la plaza, en silencio, como si temiera romper algo frágil.

Cuando terminó, nadie habló.
Luego llegaron los aplausos.

Las luces seguían encendidas.

El muchacho volvió a tocar una vez más.
No para la fiesta.
No para el pueblo.
Solo para ella.

Centenares de velas comenzaron a brillar alrededor de la plaza,
homenajeando el esfuerzo,
la perseverancia,
la conquista de un sueño,
y el amor de una madre guardado en el corazón.

Finalmente, el alcalde se acercó.

—Muchacho… —dijo—. ¿Cómo es posible que nunca hayamos visto tu talento?

El joven miró el piano antes de responder.

—Porque hoy no he cantado para ser escuchado.

—¿Para quién entonces? —preguntó el hombre.

—Para mi madre —dijo—. Murió hoy.

El alcalde bajó la mirada.

—Lo siento mucho…

El muchacho negó despacio.

—Ella siempre estuvo conmigo.
En cada clase.
En cada ensayo.

Hizo una pausa.

—No oía mi voz.
Era sorda.

Alzó ligeramente la mirada,
hacia la estrella más iluminada del cielo,
como si buscara algo más allá del horizonte.

—Pero sé que ahora, desde donde está, puede oírme.



— Poesía en llamas
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Todos los derechos reservados

  • Autor: Jordi Etresi (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 2 de enero de 2026 a las 11:27
  • Comentario del autor sobre el poema: Este es mi nuevo estilo de componer cuentos e historias con alma bajo el sello Poesía en llamas, una nueva manera de escribir historias cortas con mucho sentimiento. Espero que os guste.
  • Categoría: Cuento
  • Lecturas: 9
  • Usuarios favoritos de este poema: Santiago Alboherna, Anton C. Faya
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Comentarios +

Comentarios1

  • Anton C. Faya

    Me gusta mucho...

    • Poesía en llamas

      Muchas gracias Anton estoy intentando escribir de esta manera pero no es nada fácil.
      Se agradece tu comentario, buen fin de semana.



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