Los buenos no nacieron para ser usados

Daniii_Farías

 

Muchas veces al bueno lo confunden con débil,

al corazón limpio lo toman por ingenuo,

y a la bondad la tratan como si fuera permiso

para cruzar límites, pisar promesas,

y llevarse lo que no les pertenece.

 

La realidad es así,

duele decirlo, pero es así:

cuando alguien tiene buenos sentimientos,

cuando actúa desde la casa, la familia, el respeto,

siempre aparece quien quiere sacar ventaja.

No preguntan, no miden, no sienten remordimiento.

Solo toman.

 

El bueno invita sin segundas intenciones,

pregunta por cuidado,

confía porque no sabe vivir desconfiando.

Y ahí está el error que otros aprovechan:

la confianza sincera.

 

Porque hay personas que prefieren a la gente mala,

la que no siente, la que no se compromete,

la que promete sin intención de cumplir.

Promesas… hay muchas,

cumplidas casi nadie.

Y cada una que se rompe

deja una herida invisible

en quien solo quería creer.

 

Siempre —y no es exageración—

siempre hay alguien dispuesto

a romperle algo por dentro

a quien tiene buen corazón.

No de golpe,

sino despacio,

hasta que un día se mira al espejo

y ya no se reconoce del todo.

 

Y llega un punto

en el que el bueno se detiene.

Respira.

Piensa.

Y entiende

que decir “basta”

también es una forma de amor propio.

 

Porque uno sabe lo que hace.

Uno es consciente cuando actúa bien.

No quita, no engaña, no usa.

Solo da.

Y dar sin medida

en el lugar equivocado

termina doliendo.

 

Hay pocas personas buenas hoy,

muy pocas.

No porque no nazcan,

sino porque muchas se rompieron

intentando cuidar a otros.

Se alejaron,

se cerraron,

no por frialdad,

sino por cansancio.

 

Si estás leyendo esto

y alguna vez te sentiste usado,

si confiaste y te fallaron,

si creíste en palabras

que nunca se sostuvieron con hechos,

esto es para vos.

 

No estás mal por sentir.

No estás mal por creer.

No estás mal por haber sido bueno.

 

La gente buena no nació para ser usada.

Nació para hacer las cosas bien.

Y cuando aprende a ponerse límites,

no pierde su luz,

la protege.

 

Porque ser bueno

no es ser tonto.

Es tener un corazón

que, a pesar de todo,

sigue latiendo limpio. Los buenos no nacieron para ser usados

 

Muchas veces al bueno lo confunden con débil,

al corazón limpio lo toman por ingenuo,

y a la bondad la tratan como si fuera permiso

para cruzar límites, pisar promesas,

y llevarse lo que no les pertenece.

 

La realidad es así,

duele decirlo, pero es así:

cuando alguien tiene buenos sentimientos,

cuando actúa desde la casa, la familia, el respeto,

siempre aparece quien quiere sacar ventaja.

No preguntan, no miden, no sienten remordimiento.

Solo toman.

 

El bueno invita sin segundas intenciones,

pregunta por cuidado,

confía porque no sabe vivir desconfiando.

Y ahí está el error que otros aprovechan:

la confianza sincera.

 

Porque hay personas que prefieren a la gente mala,

la que no siente, la que no se compromete,

la que promete sin intención de cumplir.

Promesas… hay muchas,

cumplidas casi nadie.

Y cada una que se rompe

deja una herida invisible

en quien solo quería creer.

 

Siempre —y no es exageración—

siempre hay alguien dispuesto

a romperle algo por dentro

a quien tiene buen corazón.

No de golpe,

sino despacio,

hasta que un día se mira al espejo

y ya no se reconoce del todo.

 

Y llega un punto

en el que el bueno se detiene.

Respira.

Piensa.

Y entiende

que decir “basta”

también es una forma de amor propio.

 

Porque uno sabe lo que hace.

Uno es consciente cuando actúa bien.

No quita, no engaña, no usa.

Solo da.

Y dar sin medida

en el lugar equivocado

termina doliendo.

 

Hay pocas personas buenas hoy,

muy pocas.

No porque no nazcan,

sino porque muchas se rompieron

intentando cuidar a otros.

Se alejaron,

se cerraron,

no por frialdad,

sino por cansancio.

 

Si estás leyendo esto

y alguna vez te sentiste usado,

si confiaste y te fallaron,

si creíste en palabras

que nunca se sostuvieron con hechos,

esto es para vos.

 

No estás mal por sentir.

No estás mal por creer.

No estás mal por haber sido bueno.

 

La gente buena no nació para ser usada.

Nació para hacer las cosas bien.

Y cuando aprende a ponerse límites,

no pierde su luz,

la protege.

 

Porque ser bueno

no es ser tonto.

Es tener un corazón

que, a pesar de todo,

sigue latiendo limpio.

Ver métrica de este poema
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos


Comentarios +

Comentarios1

  • MISHA lg

    asi es poeta debemos proteger nuestros principios bellas letras gracias por compartir

    Porque ser bueno

    no es ser tonto.

    Es tener un corazón

    que, a pesar de todo,

    sigue latiendo limpio. Los buenos no nacieron para ser usados

    Muchas veces al bueno lo confunden con débil,

    al corazón limpio lo toman por ingenuo,

    y a la bondad la tratan como si fuera permiso

    para cruzar límites, pisar promesas,

    y llevarse lo que no les pertenece.


    besos besos
    MISHA
    lg



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.