Muchas veces al bueno lo confunden con débil,
al corazón limpio lo toman por ingenuo,
y a la bondad la tratan como si fuera permiso
para cruzar límites, pisar promesas,
y llevarse lo que no les pertenece.
La realidad es así,
duele decirlo, pero es así:
cuando alguien tiene buenos sentimientos,
cuando actúa desde la casa, la familia, el respeto,
siempre aparece quien quiere sacar ventaja.
No preguntan, no miden, no sienten remordimiento.
Solo toman.
El bueno invita sin segundas intenciones,
pregunta por cuidado,
confía porque no sabe vivir desconfiando.
Y ahí está el error que otros aprovechan:
la confianza sincera.
Porque hay personas que prefieren a la gente mala,
la que no siente, la que no se compromete,
la que promete sin intención de cumplir.
Promesas… hay muchas,
cumplidas casi nadie.
Y cada una que se rompe
deja una herida invisible
en quien solo quería creer.
Siempre —y no es exageración—
siempre hay alguien dispuesto
a romperle algo por dentro
a quien tiene buen corazón.
No de golpe,
sino despacio,
hasta que un día se mira al espejo
y ya no se reconoce del todo.
Y llega un punto
en el que el bueno se detiene.
Respira.
Piensa.
Y entiende
que decir “basta”
también es una forma de amor propio.
Porque uno sabe lo que hace.
Uno es consciente cuando actúa bien.
No quita, no engaña, no usa.
Solo da.
Y dar sin medida
en el lugar equivocado
termina doliendo.
Hay pocas personas buenas hoy,
muy pocas.
No porque no nazcan,
sino porque muchas se rompieron
intentando cuidar a otros.
Se alejaron,
se cerraron,
no por frialdad,
sino por cansancio.
Si estás leyendo esto
y alguna vez te sentiste usado,
si confiaste y te fallaron,
si creíste en palabras
que nunca se sostuvieron con hechos,
esto es para vos.
No estás mal por sentir.
No estás mal por creer.
No estás mal por haber sido bueno.
La gente buena no nació para ser usada.
Nació para hacer las cosas bien.
Y cuando aprende a ponerse límites,
no pierde su luz,
la protege.
Porque ser bueno
no es ser tonto.
Es tener un corazón
que, a pesar de todo,
sigue latiendo limpio. Los buenos no nacieron para ser usados
Muchas veces al bueno lo confunden con débil,
al corazón limpio lo toman por ingenuo,
y a la bondad la tratan como si fuera permiso
para cruzar límites, pisar promesas,
y llevarse lo que no les pertenece.
La realidad es así,
duele decirlo, pero es así:
cuando alguien tiene buenos sentimientos,
cuando actúa desde la casa, la familia, el respeto,
siempre aparece quien quiere sacar ventaja.
No preguntan, no miden, no sienten remordimiento.
Solo toman.
El bueno invita sin segundas intenciones,
pregunta por cuidado,
confía porque no sabe vivir desconfiando.
Y ahí está el error que otros aprovechan:
la confianza sincera.
Porque hay personas que prefieren a la gente mala,
la que no siente, la que no se compromete,
la que promete sin intención de cumplir.
Promesas… hay muchas,
cumplidas casi nadie.
Y cada una que se rompe
deja una herida invisible
en quien solo quería creer.
Siempre —y no es exageración—
siempre hay alguien dispuesto
a romperle algo por dentro
a quien tiene buen corazón.
No de golpe,
sino despacio,
hasta que un día se mira al espejo
y ya no se reconoce del todo.
Y llega un punto
en el que el bueno se detiene.
Respira.
Piensa.
Y entiende
que decir “basta”
también es una forma de amor propio.
Porque uno sabe lo que hace.
Uno es consciente cuando actúa bien.
No quita, no engaña, no usa.
Solo da.
Y dar sin medida
en el lugar equivocado
termina doliendo.
Hay pocas personas buenas hoy,
muy pocas.
No porque no nazcan,
sino porque muchas se rompieron
intentando cuidar a otros.
Se alejaron,
se cerraron,
no por frialdad,
sino por cansancio.
Si estás leyendo esto
y alguna vez te sentiste usado,
si confiaste y te fallaron,
si creíste en palabras
que nunca se sostuvieron con hechos,
esto es para vos.
No estás mal por sentir.
No estás mal por creer.
No estás mal por haber sido bueno.
La gente buena no nació para ser usada.
Nació para hacer las cosas bien.
Y cuando aprende a ponerse límites,
no pierde su luz,
la protege.
Porque ser bueno
no es ser tonto.
Es tener un corazón
que, a pesar de todo,
sigue latiendo limpio.

Offline)
Comentarios1
asi es poeta debemos proteger nuestros principios bellas letras gracias por compartir
Porque ser bueno
no es ser tonto.
Es tener un corazón
que, a pesar de todo,
sigue latiendo limpio. Los buenos no nacieron para ser usados
Muchas veces al bueno lo confunden con débil,
al corazón limpio lo toman por ingenuo,
y a la bondad la tratan como si fuera permiso
para cruzar límites, pisar promesas,
y llevarse lo que no les pertenece.
besos besos
MISHA
lg
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