El café frío

Jesus Armando Contreras Nuñez

La madre eligió una tarde común.
Nada estaba preparado.
El café se enfriaba
como se enfrían las palabras
cuando esperan muchos años.

No miró al hijo.
Miró la mesa.
Las grietas antiguas
que sostienen la casa
sin pedir perdón.

Dijo que hubo un tiempo
en que el miedo llegó primero.
Antes del nombre.
Antes de saber
a quién debía amar.

El cuerpo se le volvió pregunta.
Una pregunta
sin palabras
ni testigos.

La casa, un lugar sin aire.

Subía escaleras
como quien busca caer
de algo que no entiende.
Cargaba silencios
donde ya latía una decisión
que no se atrevía a decir.

No habló de culpa.
Habló de un cansancio
que no se duerme
ni cuando una madre
cierra los ojos.

De noches largas.
De rezos sin palabras.
De esperar que el tiempo
eligiera por ella.

El hijo escuchó.
El corazón
se le movió apenas,
lo suficiente
para no huir.

No preguntó por detalles.
No cerró la puerta.
Entendió que algunas madres
también llegan tarde al amor.
Que nadie les enseña
a sostener una vida
cuando la propia tiembla.

Después hubo silencio.

Ese silencio que aparece
en las casas
cuando algo verdadero se dice
y no hay regreso.

La madre respiró.
El hijo también.

 

La verdad quedó
sobre la mesa,
junto al café frío,
ya no como herida,
sino como historia
que por fin
aprendió
a respirar.

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