Silvino Rubalcaba llegó temiendo que lo atraparas. Apenas podía moverse y vociferaba que, si te encontraba primero, iba a matarte a golpes. Sabíamos que la vejez le servía la locura en tés de hoja de guanábana: los bebía al amanecer y, cada vez que se sentía más cuerdo de lo que podía soportar, le dolía haberte enterrado vivo.
Concepción, Serena y Luz María lo querían a pesar de haber matado a su padre. Solo querían saber dónde te había enterrado Silvino. Pero el viejo ni siquiera recordaba haberte matado. Solo recordaba que lo andabas buscando para que se acomodara las chanclas. Pensaba que, si usaba la chancla derecha en el pie izquierdo, el tiempo iba a correr hacia atrás, y tú no querías verlo joven y fuerte; por eso tenía que matarte primero.
La única que salió a buscar dónde te había enterrado Silvino fue Luz María. Ella siempre entendió tu humor y presentía que estabas debajo del guanábano. Así Silvino te hubiera enterrado en cualquier rincón de la soledad, tú irías a parar ahí. Mientras la vejez lo enloquecía a través de sus hojas, tú lo espantarías cada vez que fuera a buscarlas.
Los carpelos de las guanábanas se erizaban como los de ningún otro guanábano: verdeamarillentos y brillantes. El tronco estaba prieto como su padre, dijo Luz María. Llorando y temblando de amor, supo que había encontrado a su padre.
Y el pueblo de la Soledad comenzó a rezarle a Hermenegildo de las guanábanas, porque don Silvino cada vez se veía más joven, y quienes comían de ese árbol estaban cada vez más locos.
-
Autor:
S Esteban Esquivel (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 31 de diciembre de 2025 a las 10:12
- Comentario del autor sobre el poema: Primer cuento de una antología anunciada
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 12
- Usuarios favoritos de este poema: EmilianoDR, El Hombre de la Rosa, alicia perez hernandez

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.