Las noches se alargaban
como si el sueño también hubiera huido.
Dormíamos poco.
Respirábamos mal.
Yo estaba ahí.
No como héroe.
No como culpable.
Solo como un hombre
mirando de frente
algo que no sabía cómo nombrar.
El suelo se abrió al error humano.
Los ríos dejaron de ser ríos.
El mar perdió su color
y aprendió el peso del petróleo.
Vi peces subir
desesperados por aire,
como si el agua
ya no supiera sostenerlos.
El mundo estaba al revés.
Y nadie nos enseñó
cómo mirar eso
sin romperse por dentro.
El verde dejó de ser verde.
Se volvió espeso.
Oscuro.
El aire pesaba distinto.
Había un silencio extraño,
no de paz
sino de espera.
Como si todo estuviera mirando
qué haría el hombre
después de fallar.
Con el tiempo entendí
que el desastre no termina
cuando limpian la costa
ni cuando callan las noticias.
Que al mundo no lo destruye
solo el error,
sino la indiferencia
que viene después.
Yo seguí ahí.
Con el pecho apretado.
Desde entonces cargo esta memoria
como se carga una oración
que no se dice en voz alta.
No para señalar.
Sino para recordar
que el orden del mundo
puede romperse
en manos humanas.
Y que cuando eso ocurre,
la naturaleza no pide discursos.
Solo espera
que alguien
no mire hacia otro lado.
Jesús Armando Contreras.
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Autor:
J. del Umbral. (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 25 de diciembre de 2025 a las 13:10
- Comentario del autor sobre el poema: Esto nace de una experiencia vivida, en medio de un desastre ecológico que marcó profundamente a un estado y a quienes estuvimos allí. No pretende señalar responsables ni levantar consignas, sino dejar constancia humana de lo visto, lo sentido y lo aprendido. Es memoria, conciencia y respeto por la vida alterada.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: William Contraponto, Saudino, El Hombre de la Rosa
- En colecciones: Memorias que cruzan fronteras..

Offline)
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