Yo no sé amar mansamente, mi amor no sabe quedarse quieto ni obedecer a la forma correcta del afecto, llega como llegan ciertas revelaciones: de golpe, sin aviso, alterando la respiración y el pulso.
No se posa en la superficie de un beso, sino en ese temblor profundo que trastorna la carne cuando su mirada oscura me reconoce y me deja sin resguardo.
No amo la caricia que tranquiliza ni la virtud que pretende salvar, amo el murmullo persistente que se desliza entre dos respiraciones, la palabra tibia que nace del aliento y se derrama sobre mis afectos más frágiles, esos que no conocen defensa y por eso se entregan. Amo lo que se dice a medias, lo que vibra antes de romper el silencio.
Amo la lentitud de su sonrisa cansada y el grito detenido en una garganta que aprendió a callar para seguir viva, amo el olor agrio de las rosas marchitas y el canto discreto de las aves nocturnas, porque en ellos la belleza no se exhibe: permanece, resiste, incluso cuando empieza a deshacerse.
Amo las marcas que dejó el dolor al quedarse, las líneas torpes donde la vida escribió sin pedir permiso. Lamo la sal que brota de una pupila abierta y pruebo la amargura de un instante expuesto, como quien acepta que no todo lo que arde busca alivio.
Así amo, con una intensidad que no alza la voz pero lo consume todo, hasta el aire que pronuncia su nombre, como si decirlo fuera ya una forma de perderlo.
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Autor:
Bruno Gatica 1 (
Offline) - Publicado: 16 de diciembre de 2025 a las 02:05
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 26
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais, JUSTO ALDÚ, alicia perez hernandez, ElidethAbreu, Nelaery, racsonando

Offline)
Comentarios2
Genial y hermoso tu preciado versar estimado poeta y amigo Bruno
Recibe un fuerte abrazo de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
El amor aparece aquí como una forma de lucidez emocional: no pretende corregir ni salvar, sino acompañar lo que es frágil, incompleto y humano. La mirada del otro, el silencio compartido y las huellas del dolor funcionan como espacios de reconocimiento mutuo, donde amar implica aceptar la pérdida posible y la exposición sin defensas. En ese sentido, el texto afirma un amor que no busca seguridad, sino verdad.
Saludos
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