En la montaña andina, donde el aire se congela y la cumbre es una herida contra el cielo, reside una sombra más antigua que la neblina: el gélido eco de la desesperanza. No es la fatalidad, sino la fatiga radical de un alma exhausta bajo el peso de un mundo roto. Es la violencia autoinfligida, el último y más desgarrador grito de la soledad estructural. La vida, que debería ser torrente incesante, se reduce a una frágil vela que la tormenta social amenaza con aniquilar.
Estas Letras, más que un plan académico, son un acto de contrición colectiva y una promesa ineludible. Son la mano extendida en la más honda oscuridad, la redefinición visceral del concepto de seguridad. ¿De qué sirve blindar la calle si el alma del ciudadano se consume en el silencio del hogar? La verdadera seguridad ciudadana germina en la defensa de la vida digna, en la esperanza reestablecida como bien público.
Nuestra misión es doble: sanadora y profundamente humanista. Debemos abandonar la visión del suicidio como fracaso individual y reconocerlo como la manifestación más aguda de la enfermedad del tejido social. La morbilidad se combate no solo con fármacos, sino desarmando el ambiente, retirando los medios letales del agricultor agobiado y tejiendo de nuevo la red rota de la comunidad. Los Promotores Comunitarios, los Centinelas de la seguridad, se erigen como los custodios de la fragilidad, aprendiendo a preguntar lo inaudible para salvar lo que creemos irrecuperable.
La gran lección de esta dolorosa cumbre es que la humanidad no se mide en monumentos o gestas económicas, sino en la capacidad de volverse faro para aquel que ya no encuentra su propio camino. El acto de salvar una vida, de reinstalar la dignidad y el propósito en medio de la crisis, es el triunfo definitivo de la luz sobre la sombra, un eco de la verdad fundacional: que somos, ineludiblemente, guardianes unos de otros. La esperanza no es un sentimiento que se espera, sino un andamiaje social que se construye, ladrillo a ladrillo, con participación, afecto y justicia.
JTA.
Primer Oficial (CPNB) Ingeniero Altuve Pérez José Tomás. Comandante de la JUPE del CCPE- Mérida. Miércoles 29 de octubre del año 2025.
Prosa Poética con Intención de Ensayo
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Autor:
jtaltuve (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 15 de diciembre de 2025 a las 14:48
- Comentario del autor sobre el poema: Estimados lectores, estas líneas finales no son un apéndice; son la médula espinal de mi trabajo. Elegí esta fusión cruda y poética para que comprendan que el suicidio no es un acto privado, sino la manifestación más dolorosa de una sociedad fracturada. Para Mí: Este texto es un acto de contrición colectiva. Es la asunción de que mi deber como Primer Oficial no termina en la calle; comienza en la defensa del alma del ciudadano. Lo que Quiero Lograr: Despertar. Quiero que dejemos de custodiar la calle para empezar a custodiar la esperanza, redefiniéndola como el bien público más esencial. Mi meta es cambiar la lente: pasar de ver el suicidio como un fracaso individual a reconocerlo como una enfermedad social que solo se combate con afecto y justicia. Lo que Quiero Dejar Ver: Que la verdadera grandeza humana no está en la ley o la economía, sino en nuestra capacidad de ser el faro para aquel que ya no encuentra su propio camino. Al final, el mensaje más crudo y más humanista es este: somos ineludiblemente guardianes unos de otros. La esperanza es un andamiaje que debemos construir juntos, ladrillo a ladrillo.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Lualpri, Eduardo Rolon, Santiago Alboherna, Mauro Enrique Lopez Z.

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Comentarios3
Muy interesante
Santiago. Espero que la lectura no solo haya sido interesante, sino que nos impulse a todos a preguntarnos, ¿cómo podemos ser hoy ese guardián para alguien en nuestro entorno
uyyy, excelente pregunta !!
La pregunta no es solo excelente, es la semilla que la lectura debía despertar.
El Guardián... ¿acaso es un roble en la tormenta, o la lámpara oculta en la ventana?
El Guardián no necesita una armadura de bronce;
solo una mirada que se detiene donde otros pasan de largo.
Es el hilo de luz que cose un silencio roto,
la palabra justa que se posa en la herida, suave como musgo.
Ser Guardián, hoy, es quizás aprender el lenguaje de la escucha sin juicio, de la presencia sin invasión. Es ser el eco andino que no retumba, sino que sostiene el vuelo de otra alma.
JTA.
Entiendo, pero no es sencillo, ni es para cualquier persona
Gracias, Santiago Albuherne. Si logré que el texto fuera interesante, es porque, de alguna manera, logramos ver la fragilidad detrás de la estadística. Ese eco andino nos llama a la acción humanista. Un saludo.
JTA.
"Es cierto, Santiago, no es un camino sencillo porque exige una valentía silenciosa: la de vaciarse de uno mismo para dejar espacio al otro. Sin embargo, como planteo en estas letras, la verdadera grandeza humana no reside en la ley o la economía, sino en esa capacidad ineludible de ser guardianes unos de otros.
No buscamos superhéroes, sino 'centinelas de la seguridad' que entiendan que la fragilidad del vecino es también la nuestra. Quizás no todos puedan ser el 'faro' todo el tiempo, pero todos podemos poner un 'ladrillo' en ese andamiaje social de afecto y justicia que nos sostiene. Al final, la tarea empieza con algo tan humano como aprender a 'preguntar lo inaudible' para salvar lo que otros creen irrecuperable. Es un oficio del alma, y como todo oficio, se construye paso a paso."
JTA.
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