Dormido

SR. OSO

He pedido a Dios respuestas
a una duda que me desvela en silencio:
si debo seguir a mi corazón,
torpe, terco y enamorado,
o a esta mente mía
que me castiga cada noche con tu ausencia.

En lo divino encuentro un poco de paz,
un refugio breve para no caer;
pero es en tus ojos donde vive el ángel
que me pierde y, aun así, me salva.

Tu mirada me nombra, me rompe, me enciende,
me lleva de la calma a la locura
sin pedirme permiso.

Dejaré que el tiempo decida por nosotros,
si soy un dormido que te sueña
o un necio que aún te espera;
o si, amándote así,
todavía camino en la dirección correcta.

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