ESCRIBIDORES.

Nkonek Almanorri

La poesía es la mentira

Que cuenta la verdad.

 

La casualidad aparente siempre

Acaba siendo una casualidad

De fondo.

 

Al supuesto escritor, ése que se dice así mismo ser escritor, le basta que el poder le premie, le adule, y le reconozca como tal; ahí acaba la vida cultural y profesional del supuesto escritor y comienza la del lacayo que no dudará nunca en criminalizar a la misma sociedad a la que se debe y en cualquier momento en que dicho poder se lo pida; es más: a partir del reconocimiento oficial la primera opinión del falso escritor es la de ignorantar a la muchedumbre.

 

Por otra parte el acto de escribir con inteligencia y continuidad es una manera siempre activa y revolucionaria de enfrentarnos a la dictadura política, cultural y, en cierto modo, hasta religiosa del fascismo. El poder de la palabra se enfrenta al poder de la ignorantación impuesta, esto es, en cierto modo, porque ya la sociedad está casi convencida de ser un papel amarillento que sobrevive en su propia miseria y que de no tomar medidas ya no habrá paso

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Comentarios3

  • Pablo Paronzini

    Un escritor/ra debe ser un revolucionario/ria a cualquier precio, incluso hasta el precio de su propia vida. (Me gustó "ignorantación")

    Cordial saludo.

    • Nkonek Almanorri

      Gracias por sus argumentos. Saludos.

    • ElidethAbreu

      Querido Nkonek, he publicado un poema sobre una Escribidora, esa arcaica palabra me fascina.
      Gracias por tus conceptos y aportes.
      Recibe mis afectuosos abrazos.

      • Nkonek Almanorri

        Leí y supe de esta palabra por primera vez, creo, en la novela de Isabel Allende, La casa de los Espíritus, creo. Es una palabra con la cual se definía a las personas que escribían cartas personales a las personas que pasaban por allí y no sabían escribir en castellano.
        Gracias a ti por tu respuesta, escribidora.

      • LOURDES TARRATS

        Querido Nkonek:

        Tu reflexión interpela con fuerza y sin concesiones, trazando una línea clara entre la autenticidad creativa y la complacencia institucional. En su texto resuena una vieja tensión —tan vigente hoy como en los días de Sócrates o de Orwell— entre el pensamiento libre y la domesticación cultural. Es, sin duda, una llamada de atención.
        Sin embargo, permítame observar que, en tu afán por desnudar al "supuesto escritor", corre el riesgo de establecer una generalización que podría ocultar los matices: hay quienes, aun reconocidos, no han cedido su conciencia; hay quienes resisten desde dentro sin aspavientos. No toda validación es sinónimo de servilismo, como tampoco toda marginalidad garantiza profundidad.
        Dicho esto, aplaudo la lucidez con la que reivindica la escritura como acto de resistencia. Tu defensa de la palabra como disidencia —como descarga que disuelve la ignorancia impuesta— es necesaria, especialmente en un tiempo donde el escándalo muchas veces pretende sustituir al pensamiento.
        Gracias por plantear una mirada incómoda pero necesaria. Que no falten voces como la tuya, que insistan en recordarnos que la poesía —cuando no se arrodilla— puede seguir diciendo la verdad, incluso cuando parece mentir.
        Un abrazo con cariño.

        —LOURDES

        Insisto en que:
        POETAS SOMOS…

        • Nkonek Almanorri


          Estimada Lourdes:
          Como siempre digo, e insisto en ello, te agradezco profundamente tus respuestas y que al fin y al cabo en la mayoría de las veces son mejores que las opiniones que aquí dejo: las son porque ahondas muy certeramente en lo que expongo y denuncio y porque, como también he dicho en alguna ocasión, un foro no se alimenta y enriquece tanto y solo de lo que se presenta sino también, y más, de lo que se responde con argumentos válidos.

          Cierto, trato de exponer una tensión periodística vigente al menos desde que tengo moral y conciencia política, incluso desde antes de que escuchara al que fuera uno de los mejores periodistas europeos, Indro Montanelli, decir, públicamente, que: “El periodismo tal como hasta ahora lo hemos conocido, hasta los 80 del siglo pasado, se ha acabado, también aquellos periodistas; hoy el periodista escribe para el que le paga, para el que le ayuda a llevar un dinero a casa para comer”. En este sentido, sé, lo he vivido de manera personal durante años, y por la experiencia de haber sido columnista de opinión libre en siete periódicos del Estado español, que hoy el acto de escribir es un puro acto de rebeldía.

          Claro que entiendo, te entiendo, cuando dices que no han cedido a su conciencia: claro que los hay, pero también es una verdad aplastante que son los menos, que cada vez hay más miedo y que, en el mejor de los casos, los periodistas valientes son los que se echan fueran de los periódicos regidos por grandes empresas de poder, económico, y que obedecen a instituciones políticas y, al contrario también: hay partidos políticos e incluso Gobiernos que se deben a esas grandes empresas y que mandan en los Parlamentos sin ser votados por la ciudadanía. Es así.

          Yo no pretendo ser portavoz de la verdad absoluta, de ninguna verdad porque admito que entre más leo menos alcanzo del todo a esa razón que algunos llaman verdad: simple verdad. Pero lo que sí sé es que no puedo, ni debo en conciencia, ser cómplice de tanta corrupción que ya lo cubre todo; no puedo, ni debo ni quiero porque sé, por experiencia propia (he vivido y sufrido durante 20 años los efectos de una dictadura, sé de qué hablo) qué se hace en una dictadura bajo los terribles efectos del miedo, del terror desde el cual y para sobreponerse a estos miedos ha habido personas, se de ellas, que han matado a sus propia familia; todo esto es lo que sucede cuando la corrupción lo cubre todo, cuando no la combatimos y sí nos hacemos, por cobardía e ignorancia, cómplice de esos males.

          Gracias por tu opinión.

          • LOURDES TARRATS

            Nkonek, amigo:
            Agradezco profundamente la extensión y honestidad de tu respuesta. Valoro el coraje con el que expones tu visión del mundo —una visión crítica, apasionada y nacida de vivencias reales, no de teoría.
            Aunque en algunas ocasiones nuestras perspectivas difieran, siempre respeto la profundidad de tu pensamiento y la coherencia con la que lo sostiene. Y celebro que, en este espacio, podamos dialogar con altura, sin renunciar a la complejidad ni al respeto mutuo.
            Le deseo un día pleno de luz y de palabras verdaderas.
            Un Fuerte abrazo,
            —LOURDES
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