El Don de la Derrota 

Kamar Oruga

No quiero ser nada,
estoy cansado de ser,
no quiero pensar,
estoy cansado de sentir y de pensar,
quiero encontrar paz en mi propia mirada,
quiero ver en mi rostro mi verdadero rostro,
tanto que quiero y anhelo,
tanto quisiera no querer nada,
conformarse con la sencillez de una existencia mediocre, utilitaria y ordenada; vulgarmente espiritual. 
El universo me alumbra con sus estrellas 
y eso debería ser suficiente. 
Pero nunca alcanza.
Mi alma no tiene límites,
mi ser no tiene fondo,
el arte tampoco alcanza,
el poeta prioriza la palabra por sobre el silencio,
el silencio que no inspira va en contra del creador, como un silencio insustancial y negativo. 
La poesía es el yo real del poeta.
La vida poética carece de poesía, la poesía sólo existe en la mente del poeta.  La poesía es el paisaje materializado del interior del poeta. 
La alegría de la primavera y el amor que propaga
me vuelve alegre por un momento,
lo misterioso se vuelve cotidiano,
y lo cotidiano se vuelve sombra,
y la sombra repetición de otras sombras,
me vuelvo misterioso y cotidiano adentro de mi propia mirada.
No soy un yo,
nadie sabe lo que es un yo,
un yo es la constante construcción de un yo.
El cuerpo y el alma son insaciables,
y las palabras son intentos por definirlos,
y todo pensamiento es un indefinido,
el alma humana no tiene definición.
¿Quién soy ahora, que soy ahora?
¿una máscara, un símbolo, un fingidor de mi mismo?.
Fui espejo de otros espejos, me transformé en cada lugar al que fui,
me transformé en ideología, en vagabundo, en poesía,
a veces verdadero, a veces falso,
a veces rebelde y confuso, 
a veces sensible y silencioso.
Escribiendo nunca estoy satisfecho,
nadie que escriba debe sentirse nunca satisfecho de lo que escribe,
lo que escribo es sólo para mí y para mi comprensión,
para desenterrar lo vivo y muerto del fondo de mi ser.
El alma debe tener dos caras:
o quiere todo o no quiere nada,
y si casualmente soy algo en este mundo, ¿que soy?

 

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Comentarios +

Comentarios1

  • Nkonek Almanorri

    En momentos y circunstancias como las que usted siente y expone yo huyo, me introduzco hasta lo más profundo de un bosque cercano a mi casa donde solo oigo el agua limpia y cristalina correr y que pareciera que también huye, pero en dirección contraria; oigo los pájaros y si alcanzo a verlos sobre las ramas de los árboles solo aspiro a que no huyan también: en situaciones así sólo se tiende a buscar el silencio interior. Le entiendo.



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