El rugido de un condenado.

El Cronista sin puerto

I
Hoy me duele esta ira, tan mía, tan ajena,
que sube por mi carne con su paso torcido.
Es un toro sin noche, golpeando mi condena,
un latido que ruge porque nunca ha podido.

II
Y yo mismo me escucho—¡qué pobre melodía!—
mientras tiembla mi alma con su culpa insolente:
parezco un hombre en ruinas buscando todavía
algún Dios que le hable desde un muro silente.

III
La ansiedad me deshace con su filo encarnado;
la ira me interrumpe, me castiga, me hiere.
Soy un nombre sin fecha, un espíritu atado
al dolor que regresa aunque nadie lo quiere.

IV
Pero sigo de pie, con mi sombra aterida,
pues incluso en la grieta donde el mundo se quiebra,
hay un resto de fuerza, un incendio de vida,
que me pide seguir… aunque el pecho me tiemble,
aunque todo se caiga…
aunque yo mismo pierda.

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos


Comentarios +

Comentarios1

  • JUSTO ALDÚ

    Un poema visceral como pocos he leído. Muy muy bueno. Bien construido, con fuerza y que late.

    Te felicito de todo corazón.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.