Asfalto y relámpago de la musa

Leoness

 

Arreciaba la lluvia, látigo de agua y sodio,

sobre el asfalto que gemía en su negro hastío,

más que agua, un flujo de espejos rotos,

donde los fanales naufragaban entre neones.

 

De pronto, un gruñido metálico, un Cadillac de niebla y cromo,

frena su ímpetu sobre un cráter de agua lunar,

y el charco estalla como flor de diamantes fríos,

y el tiempo se curva, esperando el acto de bajar.

 

La puerta se abre como un paréntesis de terciopelo y sombra,

y desciende, no un cuerpo, sino una presencia,

la musa, vestida de medianoche y escarcha eléctrica,

un teorema de ébano en la noche ventosa y tormentosa.

 

Su piel, un mapa de constelaciones que nadie ha de nombrar,

los neones, venas líquidas de la ciudad insomne,

bailan con los fanales en un duelo de rubíes y esmeraldas,

en el húmedo lienzo de la acera.

 

Se exhiben colores tejiendo arco iris espectral,

una promesa de tinta violeta y cian que se desvanece al eco

de tacones, dos péndulos de obsidiana en el caos,

no caminan, dictan cada golpe de resonancia

 

Resuena sobre adoquines, ocultos pasos,

la sílaba clave de un conjuro olvidado,

y la puerta de la discoteca, ojo sombrío de cíclope,

se abre de par en par, cediendo al imperativo.

 

Y la musa entra, vanidad sin mácula,

rompiendo el fragor de la música en un vacío profundo,

el bullicio de los cuerpos, las risas, el cristal que tintinea,

se congela en un aliento suspendido. Silencio.

 

E inmediatamente, desde el centro invisible de su aura,

el Soul se desliza, pero no suena, es.

Una marea de terciopelo grave y lamento dulce,

dominando el ambiente.

 

Los corazones se sincronizan a su ritmo,

ya no hay hombres ni mujeres, solo asistentes absortos,

prisioneros voluntarios de esa melodía que se lleva la noche

y la transforma en un sueño lúcido y perpetuo.

  • Autor: Leoness (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 28 de noviembre de 2025 a las 16:40
  • Categoría: Surrealista
  • Lecturas: 1
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